Ni la lluvia detuvo la pasión por el fútbol, la emoción de una final...
El estadio Morazán se hizo muy pequeño ante la masa de aficionados blancos y aurinegros que llegó a la final catracha.
Unos querían la copa 11, otros la 24, pero lo que ganó fue la fiesta deportiva que se desató en la ciudad industrial.
Previo al partido hubo modelos, música, bailes y también la permanente lluvia que estuvo en todo el partido, pero también la tensión, algarabía, fervor y la celebración de un solo campeón.