El general Romeo Vásquez Velásquez era el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas hondureñas cuando se producen los acontecimientos del 28 de junio del año 2009, en que se lleva a cabo la destitución de “Mel” Zelaya y el jefe del legislativo, Roberto Micheletti, ocupa la presidencia interinamente.
Pero también, indirectamente, el General Vásquez fue el “causante” de la crisis: su cese por Zelaya unos días antes, el 25 de junio, precipitó los acontecimientos como una catarata ya incontrolable y selló definitivamente la suerte de un presidente que había jugado con fuego desde el comienzo de su presidencia.
Ahora, retirado y derrotado como candidato a la presidencia en las últimas elecciones, Romeo asegura que no se arrepiente de nada de lo que hizo en su momento y que, incluso, lo volvería a hacer. También asegura que se volverá a presentar a las próximas elecciones.
Ricardo Angoso: ¿Cómo vio los resultados de las últimas elecciones, se sintió frustrado?
Romeo Vásquez: No, creo que tenemos que prepararnos para las próximas y seguir trabajando. Tenemos suficiente tiempo para prepararnos.
Cuando uno ve que no tiene posibilidades de ganar, que no está lo suficientemente preparado para llegar a la victoria, debe replegarse, es una regla de juego. Replegarse y no ganarse más enemigos.
Es el arte de la guerra, como explicaba el pensador chino Sun Tzu en su libro. ¿Para qué desgastarse si uno no tiene posibilidades de ganar?
Nuestra visión es buena, ya que tenemos una visión de país patriótica y sentimental, porque quien quiere a su país también quiere a su gente.
Tenemos buenas ideas, buena gente trabajando por el futuro del país y tenemos tiempo para desarrollar en el futuro nuestro programa.
Nosotros queremos resolver los problemas de la nación y tenemos ideas para desarrollar un proyecto para Honduras. Se vienen probando desde hace 32 años, por parte de los dirigentes actuales, distintas fórmulas para arreglar los problemas de Honduras, pero no han podido hacerlo.
Se promete y se promete, pero no se arreglan las cosas y esta clase política que tenemos cayó en una suerte de círculo vicioso del que no se puede salir.
Entonces, la política ha sido utilizada más en aras de sus intereses personales que de servir a la colectividad, se ha convertido en una suerte de negocio y no un servicio público.
Muchos políticos de Honduras salen ricos debido a que se han dedicado más a los negocios, cuando no a la corrupción, y se han olvidado de sus compromisos con la ciudadanía. El país está sufriendo por esa situación, pagando por esa dejadez en sus obligaciones de la clase política.
Yo creo que este asunto es grave, ya que Honduras tiene muchas posibilidades a todos los niveles, desde sus recursos naturales hasta sus potencialidades turísticas.
Tenemos muchas posibilidades de dar servicios, de abrir aeropuertos y puertos, dos mares y posibilidades inmensas no aprovechadas. Una buena situación geográfica.
Podemos hacer muchas cosas, dar buenos servicios, estamos en buenas condiciones de crecer, pero lo que ha ocurrido es que no ha funcionado el manejo de lo político y nos encontramos en esta situación. Hemos tenido malos capitanes y un mal manejo del país, tenemos que ser capaces de cambiar.
¿No piensa que estos cuatro años del saliente presidente Porfirio Lobo han sido perdidos?
Claro que sí. Lobo se dedicó nada más a intentar restablecer las relaciones con la comunidad internacional y con aquellos países que nos habían hostigado.
Pero hubo descuidos graves, por ejemplo, en lo relativo a lo que es la organización del Estado, se sobredimensionó en numerosos aspectos sin haber necesidad y se acabó perdiendo la gobernabilidad y la operatividad.
Lobo hizo funcionar al país de una forma no adecuada y él compartió el poder con el Legislativo, existiendo en la práctica dos cabezas que gestionaban el país. Gastó el dinero en actividades que no eran prioritarias y aumentó la deuda pública. Su gestión no ha sido positiva porque no dio los resultados esperados.
Luego creció la inseguridad y este problema se liga también al otro, a la falta de inversiones extranjeras en el país, que claro, no llegaban porque el clima no era el adecuado para que llegaran.
También había cierta inseguridad jurídica y política, nadie sabía bien quién tenía las competencias en muchas áreas, algo que también influyó en esa escasez de inversiones extranjeras que hemos tenido.
Muchas inversiones incluso se han ido para Nicaragua, que era visto como un mercado más seguro, y Honduras no fue un país receptor durante estos años de mandato del presidente Lobo.
Un inversionista lo que percibe de un país, lo que busca realmente, es que haya seguridad jurídica y ciudadana en donde va a invertir, que era lo que no ocurría en Honduras. Honduras está en retroceso, en un proceso de crisis de hace años que Lobo no supo ni pudo resolver.
También Lobo permitió que el expresidente Zelaya regresara e incluso participara en las elecciones, ¿cómo juzga ese asunto?
El problema que ha habido es que la gran insatisfacción que tiene la población hondureña le ha hecho abrazar ideas que hasta ahora eran ajenas al país.
Luego el partido de Zelaya, Libre, ha tenido la suerte de venir apoyado por países de su órbita ideológica, eso está claro, y vienen con mucho dinero, regalando el mismo a la gente y prometiendo cosas imposibles de cumplir, como que van a quitar dinero a los ricos para dárselo a los pobres.
Esta es la única explicación porque estos movimientos de corte izquierdista tienen cierto éxito en nuestros países. Pero la raíz del problema, el origen de que haya crecido este movimiento, Libre, en nuestro país, tiene que ver con la insatisfacción del pueblo hondureño hacia el actual estado de cosas, que no es el mejor de los mundos, desde luego.
Se puede engañar a la gente fácilmente si la gente está descontenta. Vinieron con unas promesas populistas, engañaron a la gente, porque el pueblo está desesperado y necesita algo en lo que creer. Vienen con la falacia para engañar a la gente y lo consiguen, en cierta medida, porque el descontento es muy grande. Es un proceso lógico, claro está.
¿Qué es lo que ofrecía su candidatura presidencial a Honduras?
Nuestra propuesta se fundamentó en entregar a los hondureños la paz y la tranquilidad. Una seguridad que debe ser integral para que el país comience a funcionar.
Unos pilares de seguridad que pasan por resolver las demandas alimentarias, de salud para todos los ciudadanos y también la educación.
Otro aspecto fundamental es garantizar la seguridad ciudadana en el país, que se ha deteriorado mucho en los últimos años y necesita ser abordada de una forma seria.
Entonces, para que el país salga adelante a todos los niveles tenemos que trabajar duramente en el asunto de la seguridad, para poder promover la inversión nacional y extranjera.
Tenemos que lograr esa seguridad pública que digo, pero sin olvidar otras necesidades del pueblo, como su seguridad alimentaria y ser capaces de producir nuestros propios alimentos.
Garantizar el derecho a la salud para todos era otro eje fundamental de nuestro programa. El pueblo tiene que estar saludable para que pueda trabajar y estudiar, para que esté listo para sacar a Honduras adelante. Tenemos mucho que hacer y hay mucho que construir.
¿No piensa que el desempleo que padece el país es una bomba de relojería en el largo plazo?
Lo primero es que se tienen que crear condiciones para que haya inversiones en la economía, tanto nacionales como internacionales, que serán las que a la larga crearán empleo.
Pero como no se puede hablar de resolver este asunto en el corto plazo, yo siempre he hablado de crear un servicio de oportunidades sociales que saque a los jóvenes de la calle y llevarlos a centros capacitación técnica, algo que no requiere mucho dinero y se gastarían pocos recursos del Estado.
Tenemos que orientar a nuestros jóvenes para que aprendan un trabajo y también para que estudien. Podemos enseñar a nuestros jóvenes, creo, a hacer utensilios de trabajo, de cocina, para que nos sirvan a ser por nosotros mismos autosuficientes, para que Honduras tenga su propia producción nacional.
Tenemos que ser capaces de dar posibilidades a nuestros jóvenes y enseñarles nuevos oficios, sacarles del desempleo y darles un pequeño salario. Era una idea que teníamos en nuestro programa, que queríamos desarrollar si llegábamos al gobierno. Este proyecto tenía un fin preventivo, y sacaba a los jóvenes de la calle y los alejaba definitivamente de la delincuencia.
Pero ese programa no fue avalado electoralmente, ¿no cree?
Sí, pero eso no le quita validez al mismo porque yo creo que era ejecutable y viable, pero parece que prevalece más la mentira y la critica que la construcción de un nuevo país. Nosotros tratamos de romper un paradigma y decirle al pueblo qué es lo que podría hacer.
A la gente parece que se le engaña y estas mentiras han tenido éxito en estas últimas elecciones. Por ese motivo, hemos sido derrotados.
¿Esperaban mejores resultados?
Desde luego que sí, esperábamos mejores resultados de los obtenidos. Esta etapa era un momento de comienzo, además debe tener en cuenta que comenzamos tarde la campaña y éramos unos desconocidos en la vida política hondureña.
Teníamos también la falta de recursos económicos para hacer una buena campaña y eso fue determinante. Pero eso no nos desanima, y creo que en el futuro nuestras posibilidades pueden crecer.
Vamos a seguir en la lucha, tenemos un sueño patriótico de levantar el espíritu de todos los hondureños y también tenemos la obligación de despertar a este país, que creemos está dormido y necesita ayuda.
Creemos que sí es posible hacer un cambio continuo, sacar al país adelante y es posible elevar las condiciones de vida de la población porque tenemos los recursos para hacerlo.
El problema es que los recursos muchas veces no están bien repartidos y ese es el
problema; unos viven con mucho, mientras otros apenas tienen nada.
Tenemos que dar la batalla para cambiar las cosas, ayudando a los más necesitados y luchando contra la desigualdad. Hemos pensado también en proyectos parecidos a los kibutz de Israel, una suerte de cooperativas para los sectores campesinos más desfavorecidos, pero no dando dinero sino creando y generando un espíritu emprendedor. No se trata de tirar el dinero, sino que la gente lo genere por sí misma.
Parece que las relaciones con Estados Unidos siguen en un momento que no es el mismo que antes de la crisis del 2009, ¿es así?
El entendimiento entre los dos países ha cambiado. Creo que el Departamento de Estado estuvo muy desinformado acerca de lo que ocurrió aquí, le llegó mal la información acerca de lo que pasaba en Honduras.
No sabían ni entendían nada de lo que pasó en el 2009, no supieron ver que la mayor parte de los hondureños no compartía ni entendía lo que hacía Zelaya, que estaba realizando actividades fuera de la ley. La relación fue muy fuerte en el pasado, pero la crisis del 2009, en donde los
Estados Unidos fueron tan hostiles, cambió mucho las cosas y muchos hondureños no entendimos su posición.
¿Se recompondrá esa relación con Estados Unidos?
Sí, creo que será fácil. Siempre ha habido una gran influencia norteamericana en Honduras y hay muchos hondureños viviendo en los Estados Unidos.
Son lazos que no se pueden romper, creo que esa relación acabará mejorando y se recompondrán los vínculos que había antes. Será en un futuro cercano, pero ocurrirá.
Han pasado cinco años desde los sucesos que llevaron a la destitución de Zelaya, ¿se arrepiente de algo, volvería a actuar de esa forma?
Lo que siempre he dicho es que soy un hombre de ley y un patriota. No podría haber hecho otra cosa que la que hice en su momento, simplemente cumplí con mis obligaciones con la ley y fui un militar disciplinado que obedece órdenes que están dentro de la Constitución y las leyes de la República.
Cumplí lo que ordenaban la Corte Suprema de Justicia y las instituciones de las que emanan las leyes, no hicimos nada que estuviera fuera de la ley. Fue una lucha en defensa del imperio de la ley, que debe prevalecer por encima de todo lo demás
Entonces, como soldado estaba obligado a cumplir con mis obligaciones y deberes. Yo podía haber apoyado por más tiempo a Zelaya, pero no podía porque estaba incumpliendo las leyes de la República.
Yo pude haberme quedado en el poder, pero no lo hice porque actué de una forma patriótica y simplemente cumplí con el respeto a la institucionalidad y a las leyes. Serví al país y a las instituciones, me situé dentro de la legalidad y no fuera de ella. Luego está el asunto del sacrificio del soldado, algo que la historia situará en su momento, y que no está sujeto a otros juicios de valor. Creo que actuamos bien, de acuerdo a la institucionalidad; no podíamos servir a todos los actores políticos y menos a aquellos que se situaron fuera de la ley, como era el caso de Zelaya.
Finalmente, ya ha quedado claro, tanto a nivel nacional como internacional, que aquí no hubo delitos de lesa humanidad. Fuimos prudentes y profesionales a la hora de manejar la crisis. Zelaya salió del país porque era buscar un mal menor frente a uno mayor, para evitar que hubiera incidentes y víctimas no deseadas.
No queríamos que hubiera un derramamiento de sangre entre hondureños y así fue como ocurrió, creo que estuvimos a la altura de las circunstancias en aquellos momentos.
Había gente armada, eran momentos difíciles y evitamos llevar al país a una situación que podía haber sido terrible. Evitamos un mal mayor al país. No hubo víctimas en este conflicto.
Eso de los supuestos miles de muertos es mentira, apenas unos heridos y como mucho cuatro víctimas, la mayor parte por enfrentamientos y balas perdidas en las filas de la “resistencia” que apoyaba a Zelaya.