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Para enfrentar la crisis resurge la filosofía

Una nueva corriente de pensamiento encuentra en esta disciplina la solución para los problemas existenciales.

    06.01.2013

    Quizás algunas personas hubiesen podido evitar matarse o matar alguien, o esquivar medidas desesperadas, o ahorrarse el estrés, las inflamaciones cervicales y hasta los accidentes cerebrales y cardíacos, si solo hubieran aplicado un poco de filosofía en sus vidas.

    Así lo cree una nueva corriente de pensamiento, que ni siquiera necesita que la persona sea experta en filosofía o un filósofo, no. Solo la lectura de los grandes maestros que ya se ocuparon de la crisis existencial de todos nosotros, no importa que hayan vivido varios siglos antes o en regiones distantes; los problemas fundamentales del ser humano son los mismos. Decía Epicuro que la filosofía era inútil si no podía aliviar ningún sufrimiento humano.

    Para nosotros, en Honduras, el panorama no puede ser más deprimente: una violencia que deja más de 82 muertos por cada 100 mil habitantes, el desempleo que roza el 40%, la pobreza que amenaza casi al 70% de la población, la falta de medicinas, el caos en la educación pública, la crisis política, la debilidad de las instituciones, la corrupción, la injusticia, la impunidad, en fin…

    Todo esto mantiene al ciudadano en un estado de crispación permanente y apenas nota las cosas buenas que, indudablemente, ocurren en el país. Cuando se conversa con cualquiera y se mide su nivel de aspiraciones o sus expectativas de mejorar, uno se da cuenta que el hondureño en general no es feliz.

    Clínicas de atención filosófica. Todavía no hemos escuchado que haya una en Honduras, pero no tardarán, como ya se encuentran en alguna calle de Nueva York, París, Ámsterdam, Tel Aviv, o Estambul. Clínicas donde la gente llega, no a practicar una terapia como con un psicólogo o un psiquiatra, si no a conversar con un filósofo para encontrar respuesta a alguna ansiedad.

    Gigantescas corporaciones, empresas transnacionales y organizaciones sociales también reciben asesoramiento especial de filósofos, para el manejo de su personal o enfrentar metas y desafíos, porque la filosofía ya se salió de los textos y de la simple teoría, para ir a la calle y discutir los problemas cotidianos.

    Naturalmente, esta filosofía práctica no es nada nuevo, al principio la filosofía surgió como respuesta a las muchas inquietudes de las personas, era una forma de vida, no una materia académica. La disciplina se instaló entre la religión y la ciencia, por eso perdió mucho espacio durante la Edad Media, cuando se le marginó a revisar la naturaleza y la vida humana, confundiéndola con las ciencias naturales. Ahora, el avance científico también le ha robado espacio, pero mantiene su importancia para resolver los grandes problemas del hombre y el universo.

    Entre los clásicos, Sócrates estudió los problemas comunes de las personas; Platón se atrevió con la estructura del estado; Aristóteles consideró al hombre como un animal político. Sin olvidar a Buda y a Confucio. En la patrística se unía la teología y religión, y San Agustín habló de la ciudad de Dios. Durante la Edad Media, la escolástica resalta a Santo Tomás.

    En el Renacimiento se abre una nueva visión del mundo y de la civilización, aparece Da Vinci, Galileo y Maquiavelo. Y el gran Racionalismo nos deja a Descartes, a Pascal, a Locke. La Ilustración nos hereda a Montesquieu, a Rousseau, a Kant, a Hegel. De la filosofía contemporánea nos queda Marx, Comte, Nietzsche, Sartre, Russel. Imposible mencionar a tantos que pueden enseñar mucho.


    La actitud filosófica. Dicen los profesionales de esta “terapia para cuerdos” que los grandes pensadores ya se encargaron de encontrar respuestas a los problemas básicos del ser humano, pero que cada uno de nosotros debe desarrollar su estrategia; cada persona ya tiene una filosofía de vida, solo debe ajustarla.

    Cómo enfrentar la crisis económica, buscar empleo o cambiarlo, la convivencia con la criminalidad, problemas matrimoniales o de pareja, la rebeldía inmanejable de los hijos, la ansiedad por la edad, la aceptación de una enfermedad, o depresión por la muerte, o simplemente el argumento de por qué vivimos, todo tiene respuesta en la filosofía.

    A lo mejor muchos, con toda esta calamidad que nos toca vivir, ya encontraron respuestas en la psicología o en la psiquiatría; otros se aliviaron en la fe, en las religiones y en los templos. Pero quedan muchas personas cargadas de preguntas y ansiedades, en un vacío existencial terrible y que podrían encontrar en la filosofía su tabla de náufrago.

    La consultoría filosófica o filosofía práctica se sorprende de que una persona le dé muchas vueltas a un artículo antes de comprarlo, lo compare, lo examine, y es incapaz de hacer lo mismo con su vida. O quienes viven atentos de lo que hacen los demás y no revisan su propia existencia, reduciéndola al chisme y a la banalidad. Quizás la “biblioterapia”, los libros, podrían sacarlas de ese abismo existencial.

    Hay asociaciones de filosofía práctica en Estados Unidos, Canadá, Alemania, Finlandia o Eslovaquia, en varios países, y ya es una corriente que toma mucha fuerza, para resolver los problemas con el pensamiento, sin antidepresivos, ni ansiolíticos, convencidos como Sócrates de que “Una vida examinada es la única que merece ser vivida”.

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