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'Legalizar la droga no es la solución al narcotráfico”

El Comisionado Nacional de Derechos Humanos afirma que reina la impunidad en casos de crímenes contra periodistas pero que la seguridad pública ha mejorado en comparación con México y Colombia.

23.02.2014

Ramón Custodio es el titular del Comisionado Nacional de Derechos Humanos de Honduras (Conadeh), una suerte de institución parecida a la del defensor del pueblo en otros países. Activista de larga trayectoria en el campo de los derechos humanos, donde se jugó la vida para defender a los perseguidos y desaparecidos en los años ochenta, hoy es acusado de “golpista” por sus adversarios de izquierda y antiguos “aliados”. En esta entrevista, realizada recientemente en Tegucigalpa, se mantiene firme en sus principios y dice no arrepentirse de nada de lo que hizo en su momento, ya que, según él, actuó de acuerdo a la ley y la Constitución de la República de Honduras.

¿Qué balance hace de estos cuatro años de presidencia de Porfirio Lobo, qué pasó en Honduras?

Para mí, estos cuatros años han demostrado que lo que hicimos en el año 2009 era lo que teníamos que hacer y lo hicimos de acuerdo a la ley. Los cuatro años han permitido demostrar que un mal gobierno no solamente se puede juzgar por sus acciones sino por sus omisiones. Omisiones, porque se sigue sin corregir lo que se tiene que corregir y las acciones desacertadas a veces causan más daños que la falta de toma de decisiones.

La situación de insolvencia pública, en las finanzas sobre todo, el hecho de que sigue habiendo evasión, defraudación y evasión fiscal y que se ha llegado al punto de que el gobierno no tiene con qué pagar salarios a los empleados públicos, junto a otro estado de cosas, define una incapacidad administrativa casi rayana en el delito de orden público.

Y digo estas cosas porque un Estado nunca debe llegar a estos extremos de insolvencia. Definitivamente creo que Honduras es un país tan rico que de otra manera estaríamos todavía en mayores niveles de miseria. El Estado hondureño es tan rico que permite que los incapaces todavía no causen más daño cuando administran desastrosamente los asuntos públicos. En definitiva, estos cuatros años nos permiten decir que la democracia vale la pena vivirla y que cada proceso electoral es necesario y permite ir corrigiendo, en parte, aunque no del todo, lo que hay que corregir. A mí se me preguntó recientemente qué opinaba de los resultados de las elecciones y entonces sinceramente he expresado mi opinión. Creo que los resultados no son de opinión, sino de aceptación de lo que los pueblos dicen por sí mismos. En eso consiste la soberanía: en que los pueblos tengan la capacidad para expresarse libremente. Por eso, el proceso electoral en sí mismo y el día de las elecciones es tan importante.

Usted fue uno de los artífices del cambio político en el año 2009 que significó la salida del poder de “Mel” Zelaya, ¿volvería a hacer lo que hizo en esos momentos tan dramáticos para el pueblo hondureño?

Yo creo que sí, actuamos de acuerdo a nuestro ordenamiento constitucional. En lo único que variaría es en que sería más cuidadoso a partir del 30 de junio del año 2009 con aquellos actores que se comprometieron para participar en el proceso. Por ejemplo, los hombres de dinero de Honduras, que se habían comprometido inicialmente y dijeron que había que cambiar las cosas para que hubiera más justicia social, pero definitivamente no se hizo nada y no hicieron nada. Pero no son los únicos responsables, sino que somos todos aquellos que tuvimos que exigir más, también a la administración pública. El Estado debía haber sido más exigente en muchas cosas, como la austeridad y la inversión pública. En el país faltan oportunidades para todas las personas que las demandan, hubiera hecho falta un mayor esfuerzo social.

¿Han hecho desde su institución alguna investigación relativa al asunto de los asesinatos de los periodistas ocurridos en los últimos años en Honduras?

Sí, en términos generales hemos hecho un seguimiento a este asunto. Hemos tratado de establecer las circunstancias y patrones en las que ocurrían estos crímenes. También hemos logrado establecer que en los pocos casos en que se han podido detener a los responsables de estos hechos estaba la delincuencia común. El resto de los casos está bajo un manto de responsabilidad que no es imposible revelar realmente qué es lo que está pasando. Igual nos ha pasado con el grupo de abogados, o mujeres asesinadas por el hecho de ser mujeres. Es un capítulo de impunidad, está claro, que debe ser investigado. Tenemos alguna esperanza de que los cambios en los poderes públicos y el Poder Judicial me lleven a mejorar en la investigación de estos crímenes. Hay una relación clara entre estos grupos que son vulnerables al crimen y la impunidad, es una asignatura pendiente que tenemos en Honduras.

Parece que la inseguridad pública lejos de resolverse va a más, ¿qué piensa de este asunto?

La inseguridad pública sigue presente, pero hay alguna mejoría. Yo comparo resultados sobre la seguridad pública que se ha buscado en México y Colombia y creo que en Honduras hemos mejorado en menos tiempo posible y con un costo menor. Siento que estamos mejor que en esos dos casos a los que me refería.

De sus vecinos, ¿parece que Nicaragua arroja en este campo buenos resultados?

Tengo una tesis de que en Centroamérica existen dos triángulos: el del norte integrado por El Salvador, Honduras y Guatemala, que es una zona muy violenta e insegura, y que contrasta con la no violencia del triángulo del sur, que lo componen Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Yo he venido insistiendo en algunas instancias y organizaciones internacionales para que se haga un estudio sobre este asunto, sobre las diferencias entre estos dos triángulos, pero desgraciadamente a nadie le interesa y ocurre que estas entidades financian lo que les interesa a ellos, pero no a nosotros, a los centroamericanos.

¿Piensa que el caso de Billy Joya, procesado por supuestos crímenes cometidos por los militares en el pasado, corresponde a un caso de búsqueda de la justicia o es una simple vendetta de cierta izquierda?

El caso de Billy Joya yo lo entiendo como un hecho consumado porque fue juzgado en su momento por la justicia hondureña y, precisamente, la persona que más trabajó en su momento para que fuera juzgado en el sistema hondureño fui yo. Logramos incluso, con mi ayuda y la de otros, que fuera extraditado pasivamente desde España, ya que su pasaporte y los de sus familiares caducaron y se le permitió regresar a Honduras, de una forma más o menos forzada por ese hecho. No se le renovaron los pasaportes gracias a nuestra presión y aquí fue sometido a la justicia hondureña. Pero las víctimas supuestas del caso de Billy Joya declararon que no podían reconocerlo y, entonces, la justicia lo absolvió. Y ahí se acabó el caso Joya, no tengo más que decir.

¿No cree que este estado de cosas en lo social, con un alto desempleo, puede ser una bomba de relojería en el largo plazo que genere inestabilidad social y política?

La verdad es que Honduras es un coctel de factores sociales realmente preocupante. Hay una falta de oportunidades crónica, una gran desigualdad, muchas carencias en todos los sentidos para los humildes. Luego el acceso de los más vulnerables al narcotráfico y al dinero fácil es realmente preocupante. La gente accede a las actividades ilícitas, pero esto sobre todo ocurre en los sectores más humildes y jóvenes, quizá por esa falta de oportunidades a la que me refería antes. Se ha perdido el respeto por el derecho a la vida de las personas, ya nadie puede sentirse seguro en Honduras. En este sentido, creo, que la violencia es parte de la salud en nuestro país. La insalubridad no solo depende de factores que atañen a la salud sino a la violencia, a la posibilidad de perder la vida, tal como sucede a diario lamentablemente.

¿Por qué aumenta tan notablemente la actividad del narcotráfico en Honduras?

Ahora no es que sea mayor el narcotráfico, lo que pasa es que ahora es más evidente. Se comenzó a hablar del narcotráfico, de que lo permeaba todo, e incluso de la narcopolítica. Se escuchaban estas cosas con cierta incredulidad, pero hoy todo el mundo sabe que el narcotráfico está en todo. Pero como muy bien lo ha dicho el presidente actual, Juan Orlando Hernández, a nosotros, los hondureños, nos toca poner los muertos y a Estados Unidos consumir las drogas.

Hay un debate sobre legalizar las drogas, ¿usted qué piensa?

Este asunto no es nada nuevo en el continente. Desde 1970, siendo yo presidente del Colegio de Médicos de Honduras, ya se planteaba abiertamente este asunto de la legalización de la marihuana. En ese año incluso había experiencias para legalizar esa droga en la Universidad de California, en Estados Unidos, como parte del alivio y utilización de la droga con fines médicos. La legalización de la droga en Holanda y en otros países no ha resuelto el problema del narcotráfico. Igual acaba de hacer Uruguay, pero creo que no va a dar resultados diferentes. No creo que sea la solución, sinceramente.

¿Qué expectativas tiene ante el nuevo curso político de la mano del actual Presidente recién investido?

Me he equivocado tantas veces que ya me da miedo pronosticar acerca de qué puede pasar. Prefiero, desde ese punto de vista, desear que el actual Presidente sepa corregir los errores del pasado y se mire en el espejo de todo lo que se ha hecho mal en otros períodos. Hay signos positivos. Por ejemplo, parece que se va a afrontar la violencia de forma distinta a la que se ha hecho hasta ahora. Esperamos un cambio en el espíritu de trabajo y también en la actitud del nuevo gobierno, es algo que le hace falta al país. No solamente se trata de trabajar, eso está claro, sino de intentar hacer mejor las cosas de como se hicieron ayer y rectificar los errores cometidos.

¿Por qué han entrado nuevas fuerzas en el parlamento hondureño y cómo ha sido posible que se haya roto el tradicional juego político en el país?

Para mí, el Congreso Nacional debe ser un cuerpo deliberante donde se discute en profundidad acerca de los problemas del país. He dicho deliberante, no vociferante. Porque la deliberación consiste en ver las cosas desde todos los ángulos posibles, de manera que un legislador tenga la capacidad de ver las cosas buenas y malas acerca de lo que él decida legislar. Me parece bien que la democracia tenga esos pesos y contrapesos; creo que el Legislativo debe ser independiente y no dependiente del Poder Ejecutivo. Ojalá logremos que el Poder Judicial tenga la misma independencia que va a tener el Poder Legislativo.

¿Cree usted que la democracia hondureña está plenamente consolidada? La democracia es una obra humana y nunca, como obra humana, llega a ser perfecta. La democracia es perfectible, debe ser perfeccionada en el día a día, ya que permite el cambio y la renovación. Por el contrario, los regímenes totalitarios sufren una continuidad crónica y viven en la imposibilidad del cambio, de renovarse de alguna forma.

¿Cuáles son los grandes desafíos de Honduras en este momento?

Tenemos que tener una visión de país y un plan de nación. Tenemos que tener un plan de nación con unos puntos bien definidos. Y ahí tenemos que trabajar todos, tanto desde el sector público como desde el sector privado, nos tenemos que implicar en este sentido todos los que tenemos alguna responsabilidad al frente del país. Ojalá todos nos podamos poner de acuerdo en la nueva Honduras que queremos.

¿Y qué amenazas ve para la democracia hondureña?

La democracia hondureña lamentablemente no vive bajo una amenaza, sino bajo presión de un terrorismo internacional. Ese terrorismo internacional del que hablo consiste en que otros pueblos nos quieren imponer su agenda y su modo de vida. Entonces, todo el mundo habla del principio de no intervención pero interviene en los asuntos de los demás. Si yo pudiera expresar un deseo es que los demás nos dejen tranquilos, que dejen que Honduras evolucione según sus deseos y los de su pueblo. Queremos asumir nuestras propias decisiones soberanas y que se respeten, tanto fuera del país como dentro.

A este respecto, ¿parece que las relaciones con Estados Unidos siguen muy frías?

Sigue una actitud distante y fría. Por ejemplo, Estados Unidos le permitió a El Salvador comprar aviones de guerra, muy avanzados, todo hay que decirlo, mientas que a nosotros nos prohibió comprar repuestos para los nuestros que precisamente les habíamos comprado a ellos. Este asunto muestra a las claras un desequilibrio, ya que selectivamente alguien toma partido por otro. Estados Unidos pretende ser ecuánime pero no lo es y toma partido por el otro. A saber cuáles son los intereses estratégicos por los que a Estados Unidos le interesa ese desnivel geoestratégico en al área centroamericana. Se ha propiciado selectivamente un desequilibrio militar en esta zona del mundo que es contrario a la paz. Eso resume, a mi modo de ver, la visión de Estados Unidos con respecto a Honduras.

¿No piensa que hay un doble rasero de la comunidad internacional, en el sentido de que hay golpes buenos (Egipto) y golpes malos (Honduras)?

Evidentemente. Si juzgamos lo que es un golpe de Estado se debería de juzgar de una forma técnica y dejarse de componentes ideológicos.

¿Cómo ve a Honduras en materia de derechos humanos tras más de una treintena de años trabajando en este asunto?

En los años ochenta sabíamos que había una geopolítica de poderes equilibrados en América Latina. Las Fuerzas Armadas estaban al servicio del régimen político de entonces y trabajaban en favor de unos intereses muy concretos, incluso practicando el terrorismo de Estado. Ahora hemos desmilitarizado nuestros Estados, pero seguimos teniendo violaciones de los derechos humanos. Antes el enemigo tenía un solo rostro, pero ahora tiene muchos. Hoy, prácticamente, con el crimen organizado y la delincuencia común, y otros intereses, vemos y observamos que el enemigo de la paz en esta sociedad tenga múltiples rostros. Defender los derechos humanos, en esas circunstancias, es mucho más complejo que antes.

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