Revistas

Estadounidenses resisten con valor secuelas de Sandy

Sobrevivientes intentan rescatar lo que quedó de sus hogares entre los escombros de madera, arena, lodo y cenizas. La electricidad aún no se restablece en su totalidad en varias ciudades y muchos continúan en albergues, pero no han perdido la esperanza.

FOTOGALERÍA
03.11.2012

Salieron de sus casas con las manos vacías. A algunos apenas les dio tiempo para sacar a sus mascotas... Hoy, a casi una semana del paso de Sandy por las costas estadounidenses, miles de personas que tuvieron que ser evacuadas y llevadas a albergues, intentan recuperar sus vidas y lo que quedó de sus bienes.

En la ciudad Nueva York, la más golpeada por la supertormenta que algunos llamaron Frankestorm, los habitantes tuvieron que buscar agua, comida y electricidad.

Escenas de neoyorquinos reunidos alrededor de un cable de energía para cargar los teléfonos celulares, como si fuesen refugiados alrededor de una fogata para calentarse, eran repetitivas en la ciudad.

En uno de estos grupos estaba Patrick Dugan, quien llamó el miércoles desde un teléfono público tras salir de su apartamento y caminar por la calle en busca de electricidad. “¿Cuánto cuesta la llamada en un teléfono público?, preguntó Steve Breslawski, quien observaba cargar su teléfono por casi una hora. “Continúa siendo 25 centavos para llamada local y 75 centavos para la de larga distancia”, explicó Dugan.

Pero la mayoría de la gente sobrevivía con resistencia y buen humor las secuelas de la tormenta, a pesar de estar los primeros días sin semáforos ni metro.

Centenares de afectados, que tuvieron que salir en balsas o en los vehículos de la Armada estadounidense; o que se fueron a las casas de amigos y familiares al norte de la ciudad, volvieron a sus hogares para intentar rescatarlos de entre el lodo, las cenizas y los escombros.

Entre ellos Eileen Blair y marido Keith Klein, quienes perdieron su casa en un incendio en Breezy Point, en el barrio neoyorquino de Queens. Pero, a pesar de su pérdida, estaban agradecidos de no estar en la lista de los casi un centenar de fallecidos que dejó Sandy en todo el país.

LA REALIDAD. Y es que, en un paisaje urbano de tiendas y restaurantes cerrados días después del paso de Sandy, las personas buscaban comida, electricidad y una ducha caliente. Sin semáforos funcionando ni agentes de policía que ayudaran a mantener el aparente orden, ansiosos de volver al trabajo, los neoyorquinos se esforzaron por recuperar su vida habitual.

Rosa Díaz, fue una de ellos, la mujer de 58 años que padece diabetes, esperó un autobús en un vecindario de Chelsea que la llevara al Bronx, para acudir a una cita con su endocrinólogo. “Es horrible”, dijo. “Gracias a Dios compré galones y galones de agua para beber y lavarme”.

“Está claro que los desafíos que enfrenta nuestra ciudad en los próximos días son enormes”, dijo el alcalde Michael Bloomberg el martes. Y así fue, la electricidad aún no se restablece en su totalidad hasta este fin de semana y el servicio de transporte opera solo en las partes no afectadas de la ciudad.