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'En la carrera periodística he tenido varias satisfacciones”

Este profesional nos cuenta sus cincuenta años de informar al pueblo hondureño.

07.12.2013

Un día de abril de 1963, Juan Bautista Vásquez llegó a las instalaciones de Radio América con el sueño de convertirse en un gran periodista. “¿Qué quieres chico?”, le preguntó un tipo con acento cubano al verlo en la entrada de la radioemisora. “Fíjese que quiero trabajar”, respondió Vásquez, de apenas unos 17 años. “¿Y de qué?”, continuó en su interrogatorio aquel personaje.

“De locutor”, contesto el aspirante a comunicador. “¿Y qué nivel educativo tenés chico?” -“Hice plan básico y saqué la carrera de magisterio”, fue la respuesta. “Anda probate”, le dijo aquel desconocido, que horas después Vásquez sabría que había tratado con Rafael Silvio Peña, dueño de Radio América en 1949.

Privilegiado por su voz inconfundible, a Vásquez le esperaba desde ese momento una carrera llena de satisfacciones, no solo en las dos cadenas radiales más grandes del país, sino también como corresponsal de la Voz de los Estados Unidos de América, incluso como miembro de las Fuerzas Armadas de Honduras.

Después de 50 años de entretener e informar al pueblo hondureño y al mundo, hoy Vásquez es uno de los periodistas más reconocidos, admirados y respetados en el país. Sin perder la humildad, conversa con EL HERALDO y relata sus vivencias a lo largo de su carrera periodística.

¿Cuántos años de ejercicio en el periodismo?

Cincuenta años cumplidos. Comencé el 1 de abril de 1963, en lo que fue Radio Monserrat, que ya estaba a las puertas de cerrar. En efecto, en septiembre de ese año cerró. Entonces fui a Radio América buscando una oportunidad. Tenía unos 17 años. Llegué y me encuentro en la puerta a un señor que no sabía quién era y le digo: fíjese que vengo a hablar con la persona responsable de la radio. ¿Qué quieres chico? Fíjese que quiero trabajar.


¿Y de qué?
De locutor. ¿Qué nivel educativo tenés chico? Secundaria, hice plan básico y saqué la carrera de magisterio. Anda probate, me dijo. Subí y tuve la dicha que pegué. Aquel hombre que me abrió las puertas era don Rafael Silvio Peña.

Además de Peña, ¿quiénes lo apoyaron?

Otra persona que estuvo cerca de mí en esa circunstancia fue Richard Pedraza, fundador de noticiero El Minuto de Radio América. Luego conocí al doctor Miguel Andonie Fernández, él todavía no era el dueño, creo que era socio activo dentro de esta casa de radio. Con el tiempo tuve la dicha de tener participación en los noticieros con destacadas figuras del periodismo de aquel momento como Virgilio Zelaya Rubí, Alejandro Castro hijo, Jorge Figueroa Rush, Pompeyo del Valle y luego entró una camada de periodistas jóvenes como Antonio Mazariegos.

¿Qué responsabilidades se le otorgaron en sus inicios en la América?
Si no me equivoco, entré a la cabina para presentar un programa musical que

era de 10 a 12 del día, luego entraba el noticiero El Meridiano. Poco a poco entré a El Minuto y a El Meridiano. Don Rafael Silvio Peña me dio la oportunidad de manejar un noticiero propio.

Usted fue privilegiado con una voz inconfundible.

A Dios gracias porque me dio este instrumento para poder hacerle frente a la vida y es lo que me ha hecho tener satisfacciones. Dentro de la carrera periodística he tenido varias satisfacciones, he viajado con presidentes de la República, invitado por las embajadas, como la de China, Israel, Estados

Unidos, entre otros. Luego entré al campo de la milicia.

¿En qué rama?

Me ligo al Primer Batallón de Infantería y continúo y quedo en oficina.

¿A usted lo reclutaron?

No, fui por voluntad propia, fui un oficinista porque en ese momento tenía un problema de los pies planos, entonces no podía. Pero tuve la dicha de tener grandes jefes dentro del ejército con quien estuve a partir del 3 de octubre del 63. En el Primer Batallón de Infantería me encontré con el general Juan Alberto Melgar Castro, con Policarpo Paz García, con el coronel José Jorge Solórzano. En la milicia tuve varias funciones.

¿Estaba con los militares pero sin desligarse del periodismo?

Ni del periodismo, ni del deporte. Entonces se presenta la situación de Honduras-El Salvador y estuve ahí al lado de compañeros como Napoleón Mairena Tercero, German Allan Padgett, siendo parte de las cadenas nacionales de radio y difusión. Surge la frase “La compañía de hierro cumple años hoy”, era un llamado en clave, no se ha revelado hasta el día de hoy.

Luego pasamos a Casa Presidencial al mando de Alejandro Castro (hijo), uno de los más destacados periodistas que tuvo Honduras, Carlos Rigoberto Soto también y ahí trabajamos hasta 1979, cuando ya entra el gobierno provisional de Policarpo Paz García.

Pero yo continúo, el general Humberto Regalado Hernández me llevó como miembro del departamento de relaciones públicas del Comando en Jefe.

Estuve también en relaciones públicas del Primer Batallón de Artillería en Zambrano, con el coronel Rigoberto Regalado Lara y así en varias unidades.

En relaciones públicas del Comando en Jefe estuve con el jefe del Estado Mayor, general Regalado, con el general (Arnulfo) Cantarero, con el general

Luis Alonso Discua y salí estando el general Mario Raúl Hung Pacheco. De ahí pasé a relaciones públicas con el general Romeo Vásquez Velásquez, pero para mí el periodismo siempre fue lo primordial.

¿Qué tan cierto es que los militares en 1969 decían “tenemos 20,000 efectivos” y al momento del combate no ajustaban ni tres mil?

En eso no le puedo dar ninguna referencia, no porque quiera ocultarlo, sino porque no tenía acceso a esa información. Las denuncias se presentaron no en el centro y la línea de la libertad de la zona sur, más que todo en la línea de la libertad de occidente. En San Pedro Sula es donde más se hizo la denuncia de que no había la cantidad de elementos que las Fuerzas Armadas decían tener, pero yo no puedo decirle si es cierto o no porque no tuve acceso a esa información.

¿Siempre locutó noticias?

No, comenzando entre el 63 y el 75 también le hice de locutor musical, presentaba programas musicales, presentaba las novelas, programas cómicos donde tuve participación, entre ellos con Doroteo Catacumbas Calcañal y Calcañal.

¿O sea que conoció a ese famoso humorista?

A don Domingo Casiano Calcañal lo conocí pero no lo traté porque él trabajaba en HRN y ni soñaba trabajar en esa radio, después murió trágicamente, pero sí traté a su hijo Pánfilo, que trabajó en Radio América. Un día llega y yo estoy en el turno de las 7:00 de la noche y me toca presentarlo y me daba papelitos para que yo le hiciera de don Secundino y lo hicimos.
¿O sea que participó en los programas cómicos?

Estuve en Trifulco, que era un programa cómico que se pasaba en Radio América. Aquí también me tocó presentar a los hermanos Mejía, a los hermanos Vásquez Villanueva, al conjunto San Juancito, o sea que le hice de todo en el comienzo de esta carrera.

Cuando llegó el momento de que Radio América se traslada del Parque Valle, donde me inicié, a la Quinta Avenida de Comayagüela, ahí estoy todavía un par de años y sigo presentando artistas, programas y noticieros y un noticiero propio en Radio Pinares, que era parte de Radio América, siempre a las diez de la noche.

Luego pasé a radio HRN, donde quedé exclusivamente en lo que es noticias.

¿Cuando llega a HRN? El 19 de octubre de 1970. En la N tuve la suerte de encontrarme con destacados periodistas de aquel entonces como Gustavo Acosta Mejía, quien era el conductor de Diario Matutino, el principal noticiero del país en esa época, también tuve el placer de laborar al lado de

German Márquez, de Moisés de Jesús Ulloa Duarte, de Rodolfo Brevé Martínez, fundador del Mensajero del Aire, que era de 10 a 11 de la noche, por eso hay turnos que no me son indiferentes.

¿Hasta qué fecha está en HRN?

Hasta el 14 de febrero de 1994.

¿Por qué pasa de la América a la HRN?

Por cuestiones económicas, un poco más de dinero, pero dejé las puertas abiertas en Radio América, nunca me imaginé que más tarde iba a regresar.

Trabajé 24 años en HRN y consideré que mi ciclo ahí ya había terminado o estaba por vencerse. A principios en la N no querían que yo saliera, pero ante mi insistencia ellos acceden y don Manuel Villeda Toledo me dio hasta el último centavo que me correspondía como si yo hubiera salido por decisión de la empresa, no tenía derecho, porque yo era el que me retiraba.

¿Entre 1963 y 1994, cuál fue la noticia más destacada que usted lanzó al aire?

Varias, pero lo que sí tengo en mente y guardo en un casete fue la entrevista que le hice al general Anastasio Somoza Debayle el día que la Organización de Estados Americanos (OEA) el 23 de junio de 1979 le dijo que tenía que irse del poder.

Ese día yo estoy con el operador, con una programación continua porque se decía que se iba, que no se iba. Ese sábado transmitimos todo lo de la OEA desde Washington.

Cuando está por darse la resolución le digo al operador “vamos a entrevistar al general Somoza”. Comencé a las 4:30 de tarde de ese sábado a marcar y pedir por el 193, que era el acceso más fácil que teníamos para lograr la comunicación con la Casa Presidencial de Nicaragua.

“Aquí de HRN de Honduras, queremos hablar con el general Somoza”, les decíamos, “un momentito”, nos contestaban. Total, que hicimos como seis llamadas. Entonces el operador me dijo: “Juancito, me corto un… si logra esa entrevista”. Seguimos con el intento, cerca de las 7:00 de la noche, otro intento, y escuchamos “Aló”, le digo al operador al aire, y le pregunto al general Somoza “queremos conocer su punto de vista sobre lo sucedido hoy en la OEA”, “es pura paja lo que han hecho esos”, me contestó. Fue una entrevista que duró unos diez minutos.

¿Por qué regresa a Radio América?

Estando en casa, sin tener adónde ir o qué hacer, una mañana recibo una llamada telefónica agradable y pregunto “¿quién habla?”. “¡Qué bárbaro!

Ya ni a los amigos conoce usted”, me dice. Era Carlos Flores, en ese entonces presidente del Congreso Nacional y me pregunta qué pasó allá y me ofrece trabajo, yo le agradezco. Un día después de hablar con el ingeniero Flores, me cae otra llamada y me dice “Hola” y pregunto quién habla, era el doctor Andonie Fernández. Pensé que me llamaba para solicitarme un aviso, porque cuando yo estaba en la N él siempre me pedía que le pasara un aviso de alguna actividad que tenía en Gualala. Después de preguntarme qué me pasó allá, me dijo “lo espero mañana en la tarde, vuelva a su nido”, me dijo, y aquí estoy. Ya tengo 20 años de estar en la América.

¿Una anécdota que le haya pasado como periodista?

Como periodista no, como locutor sí. Comenzaba a trabajar en Radio América y un día a las 6:00 de la mañana llega un señor, un campesino y dice

“Buenos días, busco al periodista Juan Bautista Vásquez”. Y le respondo: “yo soy”. Entonces me dice: “no estoy bromeando, quiero hablar con el periodista Juan Bautista Vásquez”. “Yo soy”, le repito; “por favor -me dice-, no me haga perder mi tiempo”. Si el operador no sale y me dice “Juan

Bautista, te llaman”, no sé qué hubiera hecho. Entonces me pregunta “¿usted es Juan Bautista? Yo pensaba que era un hombre alto, fornido… es engañosa la radio”, dijo y se fue.

Como periodista y con esa voz, ¿lo perseguían las muchachas?

Claro, pero solo una fue la favorecida. Tengo 40 años de casado con Martha Cecilia Alvarado, con quien tengo cuatro hijos. Vivo muy feliz, Dios me la puso en el camino. Ella me hizo salir del camino equivocado de la bebida, yo era un poco parrandero.

¿Usted también informaba para la Voz de los Estados Unidos de América?

Creo que desde 1970 estoy con la Voz de América y sigo trabajando con ella. Hicimos los exámenes de ingreso, porque hubo un concurso, y yo la gané. Ahí seguimos todavía y no sé por cuánto tiempo más.
Ahora hablemos de cómo llega a directivo del Olimpia.

Un año después de haber entrado a laborar en el periodismo en 1963, me llamó Carlos Borjas, gerente de la Moda de París y gerente general del Club Olimpia y me dijo: “Juan Bautista yo quiero que usted sea miembro de la junta directiva del Olimpia”.

Entonces le dije que ese es un cargo pesado, “no -me dijo-, lléguese a la sesión de tal día”. Llego a la sesión y ahí conozco a uno de los grandes hombre del deporte que ha tenido Honduras, que es el ingeniero Rubén Callejas Valentine y él me dice que me quería de secretario y así llegué hasta mayo de este año, cuando don Rafael Ferrari me asciende a vicepresidente del club, después de casi 50 años con Olimpia.

Ese mundo deportivo me ha deparado satisfacciones también: 27 campeonatos. Cada campeonato que se alcanza es una satisfacción inmensa, solo estando adentro uno sabe lo que cuesta un campeonato. Muchos alegan, dicen que varios títulos fueron regalados, pero más bien nosotros hemos sido perjudicados, recuerdo el “bardalazo”.
¿No paga árbitros el Olimpia?

Es que ningún árbitro se presta para eso, ¿sabe por qué? También decían en San Pedro Sula que el Marathón y el España compraban árbitros. Nadie compra árbitros. El árbitro, por muy pobre que sea, tiene dignidad. Más bien ellos son objeto de un ensañamiento, porque nunca queda bien con nadie.
¿La vida le ha dado mucho?

La vida me ha dado bastante y esto se lo debo al creador, quien me ha conducido por este camino, por eso siempre cada día que pasa, cada día que me acuesto me acuerdo de mi creador y mi agradecimiento a él. Soy un católico empedernido, en eso sí soy claro, soy católico apostólico y romano, por la crianza que me dieron mis padres y por la formación que recibí en el Instituto Salesiano.

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