Opinión

Votemos por Honduras

Cada cuatro años repetimos, ¡Hoy sí! Y resulta que: ¡Siempre no! Seguimos con los mismos resabidos políticos como si en este país de 8 millones de habitantes no hubiera capaces que terminen con la ancestral incultura y la charlatanería política que ha permitido que presidentes incapaces ignorantes y corruptos nos desgobiernen.

La carencia de orientación cristiana sólida en tiempos difíciles gesta ambiciones de poder para enriquecerse empobreciendo al pueblo. Los populistas violentando la dignidad del necesitado consiguen el respaldo de los que creen tendrán seguro un bocado de pan.

“Los verdaderos líderes no juegan con la demagogia para entretener, sino que declaran la verdad para responder a la urgencia de los males que amenazan la sobrevivencia de la sociedad. No es fácil conseguir un líder tan singular porque los líderes están vinculados a plataformas político-partidistas que no responden a las necesidades morales sino a las conveniencias financieras de los potentados”.

Triste destino de un pueblo sin líderes obligado a transitar peregrinamente guiado por mercenarios de la ética y la moral. Cuando nos toque ejercer el sufragio, recurramos al poder que da la razón y no la racionalización de nuestro retraso político y mental.

¡Aún es tiempo! Quien no grita su descontento es copartícipe inmutable del hundimiento de esta patria que nos pertenece a todos por igual. Nuestro estancamiento democrático resulta de la improbidad de los gobernantes.

Estamos en la peor crisis socioeconómica profundizada aun más en los dos últimos gobiernos, por lo que necesitamos de un liderazgo que salga del tradicionalismo gubernamental de apaga fuegos y se dedique a incentivar los valores morales, espirituales y sociales del ciudadano, desechando de una vez por todas la corrupción, avaricia, egolatría y el servilismo, que deje fuera de agenda las negociaciones sucias y busque soluciones limpias, prontas y perdurables.

Urgimos de un líder que rechace la politiquería y se dedique a resolver las precariedades de los marginados de nuestra sociedad, hasta ahora indiferente con el dolor del pobre necesitado, que se adentre en el alma de su pueblo, que escuche su lamento y atienda su dolor. Ese es el objetivo, lo demás vendrá como resultado de resolver lo primero y no como ha sido, que la prioridad es satisfacer su siempre insatisfecho provecho personal.

Estamos sufriendo una gubernamental impunidad nacional donde se premia al delincuente con la posibilidad de ser electo y se hostiga al honesto. No es ensañándose contra el decente que se da una lección al corrupto. Estamos obligados a votar para elegir a conciencia a los mejores de esa enorme sábana electoral que ofrece desde incapaces y delincuentes conocidos hasta capaces y probos reconocidos.

No votemos por quienes sabemos han sido corruptos, esos seguirán siéndolo con nuestro aval, no votemos por los que saquearon este país y hoy se dicen libres de corrupción y de impunidad. Que nunca más vuelvan los que nos robaron la esperanza y los sueños de tener una Honduras próspera y equitativa.

No planchemos con una votación en plancha que nos niega nuestro derecho soberano de elegir de acuerdo a nuestro criterio. Elijamos al que tiene a Dios en el corazón y no en la boca. No botemos el voto en incapaces y corruptos. Votemos por Honduras.