Cada día que pasa las relaciones entre Irán, de una parte, y Estados Unidos e Israel, de otra, se tensan más, por lo que no se puede descartar un enfrentamiento directo y abierto entre estas naciones.
La primera, el tercer productor mundial de petróleo; la segunda, con fuertes intereses económicos y geoestratégicos en el Medio Oriente; la tercera, la potencia militar regional, poseedora de armamento nuclear, rodeada por países árabes y con disputas territoriales tanto con los palestinos como con Siria.
De hecho, indirectamente, la guerra, aún en etapa de baja intensidad, ya inició: el asesinato de científicos, el sabotaje a instalaciones militares, la destrucción de programas cibernéticos incorporados al proyecto de energía atómica y el bloqueo de fondos iraníes en el exterior así como de sus exportaciones del oro negro están vigentes desde hace algún tiempo, implementadas tanto por las Naciones Unidas como, en forma adicional, por Washington y la Unión Europea.
Pero ahora, con los ejercicios navales desplegados por Teherán en el estratégico Estrecho de Ormuz, por donde transitan los barcos que trasladan el petróleo de la región hacia los mercados importadores, la presencia de buques de guerra estadounidenses, ingleses y franceses en esas aguas más el lanzamiento de prueba de misiles iraníes agravan la posibilidad del estallido de un incidente que sirva de pretexto para un ataque en toda regla en contra de las instalaciones nucleares que, según insiste el régimen de los ayatolas, tienen fines estrictamente pacíficos, algo que es puesto en entredicho por las potencias occidentales.
A lo interno, el gobierno iraní acusa ya los efectos del bloqueo económico, traducido en un alza en el costo de vida y en inflación, así como en una caída en el precio de su moneda respecto al dólar. Adicionalmente, en marzo convocará a elecciones legislativas, las que, se asegura, serán boicoteadas por la oposición, dado el supuesto fraude y la represión que siguió a las últimas elecciones presidenciales.
Israel de hecho ha dado un plazo de nueve meses -a partir de este mes- para que Irán desista de continuar avanzando en su programa nuclear, insinuando cada vez más abiertamente que, caso contrario, bombardearía los centros atómicos iraníes hasta ahora plenamente detectados, lo que a su vez generaría represalias no solo por parte de Teherán, sino también de su aliado Hezbollah.
La precaria paz regional y mundial puede verse seriamente amenazada. Ojalá no ocurra un estallido de imprevisibles consecuencias para este ya convulso planeta.