Opinión

Una sombría conmemoración

Cada año del actual gobierno ha sido peor para los periodistas hondureños. En esta misma fecha, en este mismo espacio, lamentábamos en 2010 la muerte de siete colegas, el año pasado de una docena y hoy ya son 23 los compañeros que han caído a manos de los delincuentes.

Nunca como antes en nuestra historia, ni siquiera en los duros años de la Guerra Fría y su política de “seguridad nacional”, los periodistas fueron víctimas de una oleada criminal como la que sufren en la actualidad.

Las censuras, las amenazas, los sobornos, las compras de conciencias, los despidos, todo eso del pasado se empequeñece ante las escalofriantes cifras: 29 periodistas asesinados desde 2003, 23 de ellos durante la administración Lobo. En el ínterin, las terribles violaciones a la libertad de prensa, de expresión y de información que acompañaron y siguieron al derrocamiento del gobierno de Zelaya en 2009.

Y lo peor de todo es que no hay siquiera señales de que vaya a detenerse esta sangrienta persecución de los periodistas, esta forma extrema de atacar a la libertad de prensa, porque eso es imposible mientras todos los 29 casos se encuentren en la más absoluta impunidad. Ni siquiera se ha esclarecido los casos. Ni siquiera se ha depurado a la Policía que debería realizar las investigaciones y perseguir a los perpetradores.

Mucho se ha dicho, mucho se ha prometido, en los más diversos tonos de contundencia verbal, desde los más altos círculos del poder, con más estridencia desde el más reciente asesinato de periodistas: el de Alfredo Villatoro, director de noticias de la principal radioemisora del país, muy cercano al propio presidente Lobo.

Ojalá que este caso marque el punto de inflexión, que se esclarezca plenamente, que los autores materiales e intelectuales sean identificados, puestos a las órdenes de la justicia y castigados con todo el peso de la ley.

Pero también que solo represente un primer paso para seguir con los otros hasta quitar por completo el negro manto de la impunidad, de dudas, de secretos, de complicidades, con que se han cubierto los brutales asesinatos de periodistas y otras violaciones a la libertad de prensa, a la libertad de expresión y a la libertad de información.

¡Ya basta de asesinatos y terror contra los periodistas y de impunidad para los perpetradores!

En medio de todo este sombrío escenario, ¡felicidades, periodistas hondureños!