Nuevamente la rectora del alma máter ha dado renovada muestra de firmeza y fe en sus convicciones, de integridad, espíritu de servicio y entereza, que han caracterizado su desempeño vital.
Atendiendo invitación cursada por un directivo sindical se presentó en el hospital Escuela para explicar al personal auxiliar y profesional laborante en ese nosocomio los alcances e implicaciones de la decisión del presidente Lobo de traspasarlo, por quince años, a la UNAH.
Ese intento de diálogo fue saboteado por un grupo de empleados al ser recibida con denuestos y hostilidad, lo que imposibilitó realizarlo.
Actitud diametralmente opuesta demostraron los médicos y practicantes al escuchar sus planteamientos y plantear inquietudes, en un ambiente de recíproco respeto.
La acusación formulada que tanto la máxima casa de estudios como el hospital Escuela serán privatizados, es falsa; ha sido utilizada para indisponer a las bases contra todo intento de ordenamiento y adecentamiento institucional, manteniendo así un lucrativo estatus quo.
De hecho, tanto la UNAH como el hospital Escuela habían estado privatizados por grupos incrustados durante décadas en ambos, utilizándolos como patrimonio y feudo personal y familiar y no como propiedad de la nación.
El nombramiento de la socióloga Castellanos al frente del alma máter inició un urgente proceso de recuperación, actualización y adecentamiento que ya está danto resultados altamente positivos.
Ahora le toca el turno al principal y más grande centro sanitario del país, sumido en un punto crítico de crisis permanente, a todos los niveles.
Quienes adversan a Julieta Castellanos lo hacen, bien por ignorancia, mala fe, inquina, antipatía personal, o bien porque buscan, por cualesquier medio, mantener el viejo orden corrupto, impidiendo así las inevitables e impostergables transformaciones en ambos entes estatales.
Cuando la rectora concluya el período para el que fue nombrada, la persona que la suceda en tan honroso cargo debe, cuando menos, poseer iguales o superiores niveles de capacidad, honestidad y rectitud, a efecto de dar continuidad a los programas y reformas implementadas por ella y su equipo de colaboradores.
Caso contrario, ocurriría, ipso facto, un estancamiento y eventual retroceso que afectaría negativamente al alumnado, a sus progenitores, a los maestros y al personal administrativo, al igual que a los contribuyentes que, con el pago de nuestros impuestos, hacemos posible el crecimiento y expansión de la institución de estudios superiores fundada por el presbítero José Trinidad Reyes un 1847.
En la nueva etapa que hoy inicia el hospital Escuela es imprescindible tomar en cuenta la experiencia acumulada del prestigioso galeno Enrique Aguilar Paz, quien cuando estuvo al frente de la Secretaría de Salud diseñó un exitoso modelo sanitario adaptado a nuestra realidad, el cual fue implementado por otras naciones pobres y alabado por la OMS.
Deben reclutarse ejecutivos especializados en administración hospitalaria, poseedores tanto de capacidad como de honestidad, y con un cuerpo docente del más alto nivel que eleve el actual nivel académico de nuestro hospital insignia.