Opinión

Un planeta convulso

El acelerado deterioro en la situación económica y en la calidad de vida, la creciente desigualdad en ingresos y oportunidades, la violencia oficial y privada, la crisis de sistemas y partidos políticos caducos que representan a poderes antes que a sus militantes, la corrupción e impunidad en la aplicación de la justicia, la expansión del crimen organizado a escala global, representan elementos de un generalizado malestar, inconformidad y rechazo de millones de seres en distintos países, constituyendo una tendencia generalizada antes que excepciones aisladas de alienación colectiva.

Veamos algunos casos específicos: en España la ciudadanía indignada se concentra masivamente en las plazas para protestar por el desempleo que afecta al 21% de la población (40% entre los jóvenes) -la tasa más alta en Europa-, y por las severas leyes de desahucio que condenan al desalojo y a la pérdida de vivienda a familias que han perdido la capacidad de continuar pagando las hipotecas contraídas con bancos -autores de la crisis inmobiliaria que tambalea la estabilidad económica nacional-.

Grecia, Irlanda, Portugal, además de España e Italia, están en situación de bancarrota, pese a las masivas transfusiones de euros prestadas por la Unión Europea, imponiendo en el proceso severas medidas de ajuste que recortan significativamente conquistas sociales adquiridas. Noruega, Rusia, Inglaterra, España, han sido golpeadas por el terrorismo de diverso signo.

En Asia, Israel presencia protestas multitudinarias ante la cada vez más elevada alza en el costo de vida. La hemorragia de muertos, heridos, mutilados continúa en Irak, Afganistán, Pakistán, Siria, en tanto el régimen chino reprime a la disidencia intelectual y a las minorías étnicas y religiosas que aspiran a grados reales de autonomía, en tanto la brecha entre el mundo rural y el urbano crece aceleradamente. En África, prosiguen las guerras civiles en Libia, Somalia, Congo y recién ha concluido en Sudán con la partición de ese país en dos entidades. El saqueo de riquezas públicas por parte de élites oficiales cleptócratas -a expensas de las precarísimas condiciones de vida del pueblo- es una constante en casi todas las naciones del continente negro.

Desde Túnez hasta Egipto priva la frustración y el desencanto ante la falta de avances en la aspiración colectiva por una verdadera democratización, transparencia y rendimiento de cuentas, y un sostenido desarrollo económico que genere empleo para sus habitantes-forjadores de la reciente 'Primavera Árabe' que generó tantas expectativas a escala mundial al lograr derrocar a regímenes despóticos y corruptos apoyados militar y diplomáticamente por Occidente.

En nuestra América, Estados Unidos estuvo al borde de la insolvencia en la capacidad de honrar la astronómica deuda federal, enfrentando la real posibilidad de recaer en otra recesión; mientras tanto la derecha logra en el Congreso que se aprueben dispensas adicionales de impuestos para los estratos de mayores ingresos, mientras que el número de estadounidenses pobres se ha incrementado en 1.7 millones -para alcanzar casi 47.5 millones de personas- de acuerdo con una medición realizada por el U.S. Census Bureau en el 2008. En México, el poder del narcotráfico desafía impunemente al Estado y el círculo letal de la violencia se proyecta hacia Centroamérica, cada vez más expuesta a la expansión de los carteles de la droga. Guatemala, El Salvador y Honduras se ubican entre las naciones más violentas y corruptas del mundo, con altísimos grados de desigualdad socioeconómica.

En Chile, miles de estudiantes y padres de familia protestan de nueva cuenta en las calles ante el deterioro y privatización de la educación -a todos los niveles-, tendencia iniciada durante el régimen pinochetista y continuada hasta el presente. Adicionalmente, se rechazan los planes del actual gobierno por construir represas hidroeléctricas en el sur del país por el severo daño ecológico que causarán en una región de singular importancia ambiental por sus bosques y lagos.

Colombia sigue desangrándose tanto por la guerra civil que enfrenta al gobierno con la insurgencia como por el poder corruptor del narcotráfico. Estos son los sombríos y trágicos signos de los tiempos actuales en que está inmersa la humanidad.