Tegucigalpa merece mejor destino. Su futuro es incierto. Sus alcaldes solo llegan a politiquear. “Si yo fuera alcalde” se marchó sin pena ni gloria; deja una ciudad envuelta en el caos, llena de violencia, desordenada, sucia, maltratada, por lo único que saca pecho es por los desniveles que dejó: desnivelado el presupuesto, la falta de empleo, desniveladas las oportunidades para cada ciudadano que reside en los “cerros de plata”. Gracias a Dios se marchó, espero no vuelva jamás.
“No soy político”, eslogan del nuevo. Aristóteles dijo: “zoon politikón” o que por naturaleza el hombre es un animal político, ha andado en política, ha sido regidor, ahora es alcalde, entonces lo que debería decir en lenguaje del vulgo: “no soy pajero o mentiroso”.
“Papi a la orden” es un ciudadano conocido por su laboriosidad, aunque como político empezó a mentir cuando afirmaba que no era el dueño de la compañía recolectora de desechos que abundan en la ciudad; a pesar que sobre sus espaldas está dicha responsabilidad y bien remunerada, no la efectúa como debiera, hay cúmulos de basura por doquier, contenedores rotos y repletos con basura diseminada por aceras, calles, drenajes, quebradas y ríos.
Se viene diciendo que los proyectos de paso a desnivel traerán fin al descongestionamiento vial. Pero la introducción de vehículos nuevos y chatarras es cada día mayor por lo que se seguirán construyendo pasos y el embotellamiento será mayor.
Construir sobre el remedo de ciudad es como poner tela nueva sobre tela vieja, al final se romperá el parche. Parchada está la ciudad, haciendo una radiografía encontraremos una Plaza Central como epicentro para las demás descripciones, llena de ladrones, prostitutas, gais, mercaderes, ancianos y jóvenes desempleados, llena de baches, aceras derruidas, vendedores ambulantes a granel, narcomenudeo, carteristas; en fin, se encuentra por mayor lo que reflejan las periferias.
Necesitamos un verdadero alcalde que construya una mejor ciudad, que sea orgullo de presentarla ante la internacionalidad como belleza y no como la cenicienta de las Américas.
Queremos ver una ciudad donde transitar por sus calles y aceras no incurra en fracturas de tobillos, que sean renovadas con materiales de alta durabilidad y que no sirvan para tapar el sol con un solo dedo.
No solo en infraestructura es que se debe invertir, la parte social es tan importante porque está diezmado el amor propio por las secuelas que deja el marginamiento y postergamiento que sufre la inmensa mayoría de los residentes. Es imperioso trabajar con temas de autoestima, generar fuentes de trabajo para que podamos llevar el pan a los hogares, la creación de escuelas y hacer que los padres dejen de explotar a sus hijos menores, de centros para la atención de infantes a fin de que las madres puedan trabajar y generen e incrementen los ingresos del hogar.
Que no hay trabajo en esta ciudad es el clamor de centenares que visitan el Parque Central; trabajo hay, desde la reconstrucción de todas las aceras, las calles bellas que teníamos antes que eran de granito y daban realce y belleza a la ciudad; la recuperación de áreas verdes, la creación de viveros de pino, robles, encino, liquidámbar para ser plantados en las faldas de las montañas que antes eran bellos bosques que llenaban de aire puro y fragancia a esta.
La regulación y mejoramiento de los mercados para que sean higiénicos, ordenados. El Cementerio General debe recuperar sus tierras al construirse verdaderos muros perimetrales y que no sean el lugar de paso de transeúntes que se han adueñado de él.
Hay miles de formas de crear fuentes de trabajo para ocupa a miles de capitalinos haciendo obras y embelleciendo la ciudad. Debemos sentirnos orgullosos de nuestra ciudad y damos la oportunidad a nuestro nuevo alcalde, en primer lugar para que la sanee de tanto paracaidista, que frene la corrupción, que consiga que todos paguemos nuestros impuestos y que la palabra trabajo no sea del diente al labio, porque si llegamos al lugar que hemos deseado será para convertir nuestros sueños en realidad, esperando que este sueño no sea el enriquecimiento ilícito como está saliendo al destapar la olla dejada por “primeros los pobres” .
Papi, transforme a Tegucigalpa y Comayagüela y deles la dignidad que merecen como llamarse capital de nuestro país. Un nuevo alcalde, una nueva ciudad.