Opinión

Sinsentidos y regresiones

Tres hechos ocurridos recientemente en Estados Unidos sirven de ejemplo para las contradicciones, sinsentidos y regresiones tan propios de la sociedad de hoy, a pesar de todos los grandes logros alcanzados por la humanidad.

El primero. Matan a golpes a un muchacho de 19 años, atacado junto a su hermano de 17, que resultó gravemente herido, en su propia iglesia cristiana Palabra de Vida, por parte de fanáticos que mediante el medieval ritual pretendían obligarlos a que “confesaran sus pecados y pidieran perdón”. Los padres de los muchachos están entre los detenidos por el crimen ocurrido en Nueva Hartford, una pequeña localidad en el norte del estado de Nueva York el pasado domingo.

El segundo. Durante muchos años Wayne Simmon, de 62 años, se presentó como experto en seguridad nacional, ya que había sido agente de la CIA en la división de “Operaciones Especiales paramilitares en el exterior”, entre 1973 y 2000. Esa vasta experiencia al servicio del Tío Sam lo había convertido en un codiciado analista que incluso estuvo al servicio del conservador canal Fox News. Pero resulta que era un vividor más que engañó al propio gobierno estadounidense y a millones de televidentes, y ahora, por fin, fiscales federales lo acusan de cometer “fraude mayor en contra de Estados Unidos”, entre otros cargos.

El tercero. El gobernador del estado de Texas, Greg Abbott, promulgó una ley que entra en vigencia en agosto de 2016, para que los estudiantes puedan portar armas de fuego en las instalaciones universitarias a fin de que maten a cualquier demente que quiera provocar una de las ya conocidas matanzas en centros educativos estadounidenses.

O sea que el fanatismo religioso occidental --tan criticado cuando se lo atribuimos a otros, como los musulmanes, por ejemplo--, incluso puede llegar hasta la violencia criminal como de hecho ya ha ocurrido muchísimas veces; que la llamada gran prensa estadounidense tampoco es tan rigurosa para “analizar” el acontecer noticioso cotidiano, y que para el gobernador de uno de los estados de la Unión Americana, la solución para combatir la violencia en los centros educativos es armar a todos los estudiantes.

Por supuesto, los anteriores solo son ejemplos. Lo cierto es que en todo el mundo, incluyendo en nuestra Honduras, abundan las contradicciones, los sinsentidos y las regresiones.

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