Opinión

Promesas electorales y realidades

Segunda parte

Como indicaba en mi artículo anterior, hasta el momento lo que escuchamos de la mayoría de los candidatos a las elecciones primarias son promesas populistas, canciones y mensajes subliminales apelando a las raigambres partidistas de los votantes. La lluvia de ofertas gira alrededor de una gran variedad de bonos, la creación de miles de empleos y la reducción de la inseguridad. Todo esto sin el menor sustento programático.

Para beneficio de nuestro país, esperemos que una vez finalizada esta etapa de las elecciones primarias, los candidatos presidenciales nos presenten un plan de gobierno realista, con políticas, programas y proyectos que nos permitan evaluar y votar por el candidato que tenga la mejor propuesta.

Y además, después de las elecciones los hondureños debemos prepararnos para darle seguimiento al desempeño del nuevo gobierno y estar listos para exigir el cumplimiento del plan, para evitar que la historia se repita, o sea, gobiernos para beneficio de unos pocos en detrimento de las grandes mayorías.

Hablando de planes, lo más lógico sería que los candidatos tomaran como base la Visión de País (2010-2038) que fue convertida en ley y recoge los objetivos nacionales de desarrollo para los próximos 26 años -ya se desperdiciaron dos años-, los cuales giran alrededor de cuatro ejes principales: 1. Una Honduras sin pobreza, educada y sana, con sistemas consolidados de seguridad social; 2. Una Honduras que se desarrolla en democracia con seguridad y sin violencia; 3. Una Honduras productiva, generadora de oportunidades y empleo, que aprovecha de manera sostenible sus recursos y reduce la vulnerabilidad ambiental y 4. Un Estado moderno, eficiente y competitivo.

Si ya tenemos una visión de largo plazo para transformar nuestro país, lo que necesitamos entonces son líderes honestos, capaces, con firmeza de carácter y decididos a emprender el largo camino hacia el desarrollo económico y social. Si analizamos la historia, detrás de las transformaciones de los países siempre han existido líderes que con visión de estadistas han tomado la batuta para liderar con inteligencia y sentido común, creatividad, fuerza de voluntad y consideración hacia los más necesitados, pero sobre todo con honestidad y transparencia.

Los retos que cualquiera de los candidatos que gane las elecciones generales encontrará serán enormes, destacando el de recuperar las finanzas públicas y establecer un marco macroeconómico sólido y estable que infunda confianza para la inversión productiva y la generación de empleo.

Esta tarea no puede ser emprendida siguiendo los mismos métodos del pasado, sino que se requiere una reforma estructural que garantice que dentro de cuatro años el país no volverá a estar en la misma situación actual. Necesitamos un pacto fiscal y social que fortalezca los ingresos mediante la ampliación de la base de contribuyentes, el combate a la evasión y la eliminación de las exoneraciones y exenciones fiscales.

Pero también se requiere tomar medidas para reducir el tamaño del gobierno, eliminar la politización del empleo público y redirigir el presupuesto hacia programas que sean de beneficio para la mayoría de los ciudadanos, en lugar de destinarlo a sueldos y otros gastos corrientes. El pacto también deberá tener parámetros específicos para el déficit, gasto corriente, inversión, endeudamiento.

Otro reto es la generación de empleo productivo, que pasa por garantizar un estado de derecho donde se dé estricto cumplimiento a la ley y se respete la propiedad privada. Se necesita implementar políticas públicas que fortalezcan la mediana y pequeña empresa y propiciar alianzas entre estas y las grandes empresas, para facilitar el acceso al mercado y a financiamiento. Pero cualquier programa debe apoyar a las personas responsables y capaces de producir y dejar de subsidiar políticos y personas aprovechadas, que han convertido el financiamiento público en su modus vivendi.

Por otro lado, si deseamos mejorar las condiciones de los más pobres, necesitamos una reforma profunda en los sistemas de educación y salud.

Las deficiencias en estos sectores se focalizan en problemas de acceso, cobertura, calidad y eficiencia de los actuales sistemas. Esta reforma se debe iniciar con un pacto de transformación impulsado por el gobierno con el apoyo de la sociedad en general y de los padres de familia en particular.

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