Opinión

Problemas y sus soluciones

Cuando se tiene un viejo problema que en vez de solucionarse se complica cada vez más, es obvio que las cosas no se han estado haciendo bien durante todo el tiempo en que ha persistido el mismo.

Por lo tanto, después de un tiempo, tras varios intentos y fracasos, se le debe dar vuelta a la estrategia y buscar acciones diferentes.

Si estas también fallaran, pues también habría que intentarlas unas veces más y si no hay resultados positivos, pues abandonarlas y buscar otras ya sean propias o que ha hayan demostrado efectividad en otros tiempos o con otras personas o sociedades.

Lo ideal es que se contara con la mayor cantidad de conocimientos científicos posibles sobre la materia relacionada con el problema (económico, social, político, psicológico), a fin de que al intentar con el heurístico método del ensayo y error, aumentaran ostensiblemente las posibilidades de encontrar la solución de forma más rápida.

Lo que sí cae en el campo de la necedad, de la esterilidad, del despilfarro de recursos, de la irresponsabilidad hacia uno mismo y hacia los demás, es seguir machacando hasta el cansancio en lo mismo o con variantes de ínfima calidad y demostrada inutilidad que intentan dar la apariencia de cambio real.

Esto es tan aplicable a individuos y ha comunidades como a una sociedad en general.

Por ejemplo, si alguien cree que la “solución” a sus problemas económicos personales es conseguir más y más dinero prestado para cubrir sus gastos desordenados, más temprano que tarde se dará cuenta qué tan equivocado estaba. Si después de salir de líos similares, de nuevo, en el futuro adopta las mismas medidas
de “solución”, es obvio que siempre obtendría los mismos resultados desastrosos.

A nivel global, hay un problema generalizado: el tráfico de drogas ilegales. Hace más de cuatro décadas en que el mundo ha mantenido una fuerte lucha en la que se han invertido cantidades inimaginables, se han perdido centenares de miles de vida, con pobrísimos resultados.
En este, como en otros campos, Honduras también viene repitiendo una y otra vez lo mismo y, por lo tanto, obteniendo los mismos resultados. Incluso a veces hasta se retrocede a pocos años después de la independencia.

Entonces, el gran Francisco Morazán comprendió le necesidad de separar a la Iglesia del Estado; pero ahora, en pleno siglo XXI, cuando muchos mitos y dogmas han sido ya sepultados por la ciencia, se aplican medidas y acciones que contradicen la existencia de un Estado laico.

De manera tal, que si queremos cambiar las cosas no podemos seguir repitiendo lo mismo y, peor, retrocediendo a lo que ya también fracasó en el lejano pasado.

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