Opinión

Por más que trato

Hay veces, y no pocas, que por más que trato no puedo, porque no encuentro sentido al diario suceder que, por repetitivo, debería tener justificación y no una simplista exposición que no convence.

No puedo entender cómo elegimos un Presidente inculto ni cómo defienden los 'inteligentes' estudiados a los ignorantes.

¿Cómo olvidan que diligencia sin inteligencia es igual a fracaso? ¿Cómo los delitos financieros aparentan legitimidad? Jamás voy a aceptar que dar impunidad a un delincuente reconocido conlleva tranquilidad a un pueblo sufrido. Si los presidentes hablan de corrupción y son los hombres mejor informados, ¿por qué no denuncian con nombres y apellidos a los corruptos que los circundan y abruman de corrupción?

Nunca voy a entender por qué los corruptos tienen todo para todo. Ayer nos depredaron, hoy son potentados respetados. Casi héroes. Gracias a la yunta con los gobiernos que también son corruptos, ¿o no?

¿Cómo es posible tanto silencio cuando la necesidad grita sin contenerse? ¿Dónde están los líderes serios para que presenten propuestas reales, serias y factibles? ¿Dónde están los hombres que Honduras necesita, ahora que tanto farsante nos ha gobernado y amenaza con seguir gobernando?

¿Dónde están los notables sin notoriedad? ¿Por qué terminamos silenciados? ¿Cuánto vale el honor?

No acepto el sectarismo que nos ciega, el conformismo que nos calla y la sordera que nos hace cobardes. No entiendo cómo se puede aplaudir a un hombre que sabemos nos va a traicionar. Nadie sabe para dónde vamos porque no importa de dónde venimos o porque no nos importa de dónde venimos no sabemos para dónde vamos.

Omnipresencia omnipotente del omnisciente. Los gobernantes lo saben todo desde que descansan sus posaderas en la silla presidencial, algo tiene esa poltrona. Pueblo que no lee no progresa, o para que se entienda mejor, a lomo de mula, sin cultura y con enfermedad, nos llevó la fregada y los pueblos mal gobernados y embrutecidos por la demagogia y populismo salvaje no tienen derecho de sentir lo malo aunque no vean lo bueno. Ver lo malo es no ser bueno y ser bueno es aceptar lo malo. Nadie es tan capaz para reconocer su incapacidad, tanto así que los incapaces hasta están orgullosos de serlo. Dan testimonio cotidiano de su ostracismo recalcitrante.

Los políticos parecen lactantes -sin ofender a los segundos- duermen, comen y se defecan sin enterarse de nada. Nos duermen, nos hartan y nos cagan. Pero claro, es cuestión de valores, por lo que resulta insultante cuando los estudiados defienden al ignorante, cuyo intelecto habla de su vituperable talento. Eso es, fin sin principios.

¿Cómo puede enseñar el que no aprendió? ¿Cómo educa el que no se educó? ¡Con que seso, por Dios! El político sin oficio se dice defensor de las causas justas, el líder con oficio lucha contra las injustas. Qué pena que seamos diferentes o quizá porque somos diferentes no sentimos pena.

No merecemos lo que tenemos ni tenemos lo que merecemos. Lo malo está en el archivo pasivo (olvido). Nada que ver con lo que realmente somos, por eso transcurrimos sin pena y sin memoria. No tenemos ayer ni mañana, solo el hoy. Vivimos al día y de fiado. Los responsables no condonan a irresponsables. Todos se perdonan hoy lo que ayer hicieron para mañana seguir haciéndolo igual, sin reclamos. ¡Así se condonan!

Tres días dura la noticia, la silencia el poder en espera de otra iniciativa contra el pueblo. ¡Así se manda! Por más que trato no entiendo y menos lo acepto. ¿Y usted?