Opinión

'Píldora del día después” y la ausencia de una política demográfica

Ya no estamos en los tiempos cuando se decía que gobernar era poblar. Esto era válido en los albores del capitalismo cuando la fuerza de trabajo era insuficiente ante el empuje de un sistema que crecía intensamente a costa del desarrollo de las fuerzas productivas, en la cual el ser humano era una pieza clave.

En Honduras se ha avanzado muy poco en materia de política demográfica. Tener una oficina de registro nacional de las personas da cuenta de los hechos demográficos como los nacimientos, defunciones y matrimonios, más un censo de población y vivienda que se desarrolla cada 10 años, si tenemos suerte, no es suficiente; una política demográfica implicaría desarrollar acciones orientadas a la medición del impacto económico, social y cultural del crecimiento poblacional.

Así como es válido aquel principio que ninguna familia debería tener más hijos que aquellos a los que realmente pueda darles protección, lo es también para la sociedad en su conjunto. Es un acto de irresponsabilidad traer a este mundo seres humanos que, en la mayoría de casos, vienen a engrosar los cinturones de miseria.

Si bien es cierto, las causas profundas de la pobreza tienen varios componente que van desde la injusta distribución de la riqueza, hasta la pésima administración de los recursos públicos, no cabe ni la menor duda que el número de hijos que una familia tiene es también un factor de peso en el tema del bienestar social.

Es penoso que en el país cada vez que se discuten temas relacionados con los hechos demográficos, salten los grupos de presión protestando por los intentos de cambiar prácticas que son inhumanas, mismas que son una vergüenza para la nación, como aquella donde miles de niñas y adolescentes dan a luz cuando ni siquiera están aptas físicamente para ello, creando grandes trastornos psicológicos y sociales que son una afrenta a la vida humana.

El debate que hay en este momento para determinar el uso de la Píldora Anticonceptiva de Emergencia (PAE), en una sociedad desarrollada no tendría sentido. Lamentablemente, a la pobreza material y espiritual de la nación se le agregan los atavismos moralizantes que no han ayudado mucho al progreso de la sociedad hondureña.

Y lo más terrible es esa oposición sin propuestas que oriente a la reducción de una tasa de natalidad que para nuestro país sigue siendo alta. En Centroamérica, con Guatemala compartimos cifras alarmantes en el crecimiento poblacional; notamos que los que se oponen tampoco asumen algún grado de responsabilidad ante los efectos negativos de tal fenómeno.

Un Estado moderno es aquel en el que las autoridades, antes de consultar a las instituciones religiosas en los temas de desarrollo, primero consulta a la comunidad científica nacional e internacional para definir políticas que estén en consonancia con los retos que plantea la vida en sociedad.

En este tema, sigue siendo válido el principio bíblico tantas veces repetido que dice: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Una distancia entre Estado e Iglesia es recomendable; antes de entrar en la tradición es mejor entrar en la razón científica.

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