Opinión

Otras promesas incumplidas

Este Día Internacional de la Mujer encuentra a las hondureñas, de nuevo, en una difícil situación, ya que a la tradicional cultura machista, se une la crisis económica, la discriminación, la paternidad irresponsable y la violencia de género que se convierte en abusos de todo tipo, en el número creciente de femicidios y en la impunidad de los perpetradores.

Y es que como ocurre a nivel internacional, incluyendo en los propios esfuerzos de las Naciones Unidas, en la lucha contra la violencia de género, contra la desigualdad y la discriminación, abundan los “documentos bonitos” (leyes, convenios, discursos), que son necesarios, pero son inútiles sin más “acción”, tal y como lo recordó el lunes Michelle Bachelet, directora de ONU-Mujeres.

No hay dudas que en estas últimas décadas se ha avanzado en la lucha por la igualdad de derechos de las mujeres, contra la discriminación y contra la violencia de género, pero es obvio que es todavía mucho más lo que falta por hacer, como lo demuestran las cifras de la ONU, según las cuales, hasta el 50% de las agresiones sexuales se cometen contra niñas menores de 16 años; 603 millones de mujeres viven en países donde la violencia doméstica no se considera un delito; hasta el 70% de las mujeres de todo el mundo aseguran haber sufrido una experiencia física o sexual violenta en algún momento de su vida.

En Honduras, además de la violencia doméstica, en sus más diversas formas, el trabajo no remunerado, la discriminación laboral y otros abusos de que son víctimas las niñas y las mujeres, en los últimos años también han crecido de forma alarmante los femicidios.

Aquí también abundan las leyes, el reconocimiento de convenios y muchas instituciones públicas y privadas que tienen su razón de ser en la búsqueda de justicia, en el respeto de los derechos y en la defensa y protección de las mujeres. Pero en la práctica son solo documentos plagados de buenas intenciones o fuentes de declaraciones públicas y discursos que muy poco hacen por cumplir de verdad su papel.

Más que felicitaciones del diente al labio, ya es tiempo que los tomadores de decisiones y que la misma sociedad empecemos a cumplir, por fin, las viejas promesas de un trato más justo e igualitario para las mujeres.

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