El presidente salvadoreño Mauricio Funes, en nombre del Estado salvadoreño, pidió perdón por la matanza de 966 pobladores de El Mozote en 1981, masacrados por fuerzas élites del ejército, entrenadas por Estados Unidos.
Durante la ceremonia para recordar la firma de los Acuerdos de Paz en 1982, Funes, quien llegó al poder con la bandera del FMLN, reconoció que pedir perdón no es suficiente 'para reparar moral y materialmente a todos aquellos que resultaron afectados por la guerra', por lo que, adicionalmente, su gobierno otorgará reparaciones por los daños y sufrimientos ocasionados.
Ciertamente no fue la única matanza cometida por los militares salvadoreños en su lucha contra la guerrilla izquierdista: recuérdese la ocurrida en el río Sumpul, donde nuestro ejército 'colaboró' para tender un cerco mortal a quienes, huyendo de la persecución, buscaban refugio en territorio hondureño. Igualmente, el asesinato de sacerdotes jesuitas, su empleada doméstica y su hija en los predios de la Universidad Centroamericana, así como el magnicidio perpetrado en contra de monseñor Óscar Arnulfo Romero.
Tanto la justicia penal nacional como la internacional buscan, por la vía legal, que los crímenes de lesa humanidad no queden impunes, aun si fueron cometidos en el pretérito distante. Eso es lo que intentó el juez español Baltazar Garzón cuando ordenó el arresto del dictador chileno Augusto Pinochet por las sistemáticas violaciones a los derechos humanos cometidas durante su régimen, y cuando abrió, en el 2008, la instrucción inicial por crímenes acaecidos contra sus compatriotas durante la guerra civil (1936-1939) y la dictadura franquista (1939-1975). Paradójicamente, la justicia de su país lo investiga por ese intento investigativo, acusado de 'abuso de autoridad' en el proceso por los crímenes franquistas.
Muchas naciones han presenciado genocidios y etnocidios: en Guatemala, durante su prolongada guerra fratricida, fue política de Estado el exterminio de la población maya-quiché. En Argentina, los gobiernos militares se responsabilizaron por la 'desaparición' de unos 30,000 personas.
El régimen soviético, bajo Stalin, fue el autor de 'purgas' masivas que condenaron al destierro y a la muerte a millones de seres; en tanto la Alemania de Hitler fue la causante del exterminio de seis millones de judíos y otros tantos millones de eslavos y gitanos en una monstruosa estrategia de 'limpieza étnica', reproducida décadas después en los Balcanes, Sri Lanka, Irak y en muchas naciones africanas como Congo, Ruanda y Sudán.