Una muestra más de que el gobierno sigue sin cambiar de rumbo es que después de todos los conflictos continuados el año pasado por no pagar en tiempo y forma a los servidores públicos, desde el inicio ya se prevé que incluso el año lectivo podría comenzar en medio de las tristemente célebres “asambleas informativas”.
Un “50 por ciento del total de maestros hondureños no se les ha hecho efectivo el pago de sus vacaciones”. Algunos docentes aún no han recibido pagos del mes de diciembre y a otros les deben salarios desde 2009, dijo el secretario general del Pricphma, Orlando Mejía, quien advirtió que ya “convocamos a una reunión de directivos el próximo 10 de enero a todas las juntas centrales de la Federación de Organizaciones Magisteriales de Honduras para programar todas la actividades”.
Es cierto que las dirigencias magisteriales son excesivamente proclives a la huelga, al relajo callejero; que no intentan siquiera buscar una forma más respetuosa del derecho de niños y jóvenes para presionar al gobierno. Pero el principal culpable es este último porque, al igual que sus antecesores, no cumple con la parte que le corresponde.
Las promesas, amenazas, ultimátum y advertencias que abundaron el año pasado para superar el caos administrativo en la Secretaría de Educación, donde no se sabe ni siquiera la cantidad exacta de maestros que trabajan en el sistema público, solo se diluyeron en la nada. Y ahora estamos otra vez con la misma cantaleta.
Para desgracia nuestra, no solo al tema de la educación se le da el mismo trato de siempre: palabras que se las lleva el viento, acciones cosméticas más orientadas a crear la percepción de que se está haciendo algo, medidas que ya demostraron su inutilidad en el pasado; en fin, seguirle dando largas a los problemas hasta el infinito.
Junto al tema de la seguridad –que no comenzará a resolverse mientras no intervengan por completo a la Policía– el retraso en los pagos de los salarios de los empleados de la Salud y la Educación sería un buen inicio para que el actual gobierno demuestre a propios y a extraños que ya no se seguirá dando vueltas sobre lo mismo en detrimento del derecho de todos los hondureños a contar con una administración pública eficiente o, por lo menos, esforzándose por serlo.