En varios países de América Latina a las Fuerzas Armadas se les están asignando misiones típicamente policiales o en apoyo a operaciones de esa naturaleza, debido a que las policías no están siendo efectivas y han sido penetradas por los grupos criminales que deberían combatir. No obstante, en esta tarea la institución militar enfrenta riesgos al cumplir con dichas asignaciones.
Obviamente, si el problema se analiza desde la perspectiva del ciudadano común agobiado por la delincuencia, no cabe la menor duda, y así lo confirman los sondeos de opinión pública, que los militares deben salir a las calles en apoyo a la Policía para restaurar el orden y la tranquilidad perdida. A juicio de los expertos ya no se trata de una discusión sobre si conviene o no conviene sacar a la calles a los verde olivo, se trata de un asunto de emergencia de la seguridad.
Boris Saavedra, en su trabajo “La capacidad militar”, analiza los riesgos y precisa que “a través de la historia nos damos cuenta con frecuencia que lamentablemente los militares no han estado preparados para el conflicto que se les ha confiado”. En este caso específico, todos sabemos que los militares no han sido entrenados para tratar con ciudadanos comunes ni con delincuencia organizada, de allí se desprende que la forma de abordar al ciudadano, por parte de los militares, ha llevado a la violación de los derechos humanos en aras de preservar la seguridad.
De acuerdo a LAPOP y Latinobarómetro, las Fuerzas Armadas son una de las instituciones que gozan de un elevado prestigio entre la ciudadanía, al producirse incidentes o fallos en las tareas policiales encomendadas; ese alto concepto podría disminuir, afectando la imagen que tanto les ha costado recuperar después de varias décadas de críticas.
Por otra parte, existen riesgos como el de descuidar la labor de defensa y protección de las fronteras por la limitación de personal militar que debe destacarse en apoyo a la Policía, esta situación ya se está viviendo en países vecinos que hoy viven serias limitaciones presupuestarias, lo que a su vez limita el número de efectivos, la logística, entre otras.
Otro problema es el celo profesional que crece entre la Policía hacia los militares, se sienten amenazados y en evidente peligro de desaparecer como institución, razón por la cual algunos malos policías, de forma subterránea, conspiran de distinta forma contra ellos para que fracasen en la misión encomendada. No se descarta, por ejemplo, que ya se esté intentando infiltrar los mandos militares como se efectuó con la Policía para sobornarlos con grandes sumas de dinero a cambio que permitan la libre operación de las bandas criminales más dañinas que operan en distintas zonas del territorio.
Por lo anterior es claro que el apoyo militar a la Policía debe ser temporal. La medida de crear una Policía Militar de Orden Público, que entrará en vigencia el 3 de octubre, va encaminada hacia esa lógica de no perpetuar la permanencia de las Fuerzas Armadas en labores policiales y, en su defecto, crear una unidad especialmente entrenada, pero dirigida por la institución castrense y contando con un presupuesto especial.
Los riesgos respecto a la participación militar en la seguridad son variados, pero deberán ser asumidos temporalmente y resueltos en la medida que se vayan presentando, ello dada la situación de emergencia que vive Honduras. Las autoridades de gobierno, los políticos y otros actores involucrados en la toma de decisiones nacionales deben actuar con creatividad, de forma estratégica y mancomunada para no distorsionar o desviar el curso de acción que se ha definido para rescatar la seguridad interior que se dejó perder en el gobierno de Mel Zelaya.
Sea quien sea el que asuma la presidencia el próximo año debe continuar con las acciones de depuración de la Policía y demás operadores de justicia; avanzar y profundizar las reformas y actualización del marco jurídico en materia de seguridad; respaldar la Policía Militar y nuevas unidades especializadas. Estas son políticas de Estado no exclusivas del gobierno de Lobo, que ya va de salida.