Algunas preguntas son relevantes al abordar esta problemática: ¿Qué factores obligan a miles de compatriotas a abandonar, temporal o definitivamente, su país? ¿Por qué dos países centroamericanos no presencian la migración masiva de sus habitantes (Costa Rica y Panamá), en oposición a los del triángulo norte del istmo?
Un intento explicativo de la primera interrogante debe incluir el desempleo, la violencia, la reunificación familiar, entre otras causales.
Los derechos humanos de los migrantes son violados en triplicado: en su país de origen, en los de tránsito y en el receptor.
En el de origen: al no existir oportunidades laborales suficientes para absorber a miles de jóvenes que anualmente se incorporan a la población económicamente activa. Y cuando existen estas oportunidades de empleo, lo devengado está por debajo de la creciente alza en el costo de vida. Los insertos en la economía informal no poseen ningún tipo de protección legal ni social.
Al no garantizar el Estado un ambiente de seguridad que garantice la integridad física y los bienes de las personas, y no ser capaz de ejercer su autoridad en todo el territorio nacional, se fortalece la inseguridad y la expansión-fortalecimiento de la delincuencia, intensificando la ingobernabilidad.
En los de tránsito (Guatemala y México): Los migrantes están expuestos a múltiples peligros: asaltos, violaciones, extorsiones, secuestros, asesinatos, inducción a la prostitución y al narcotráfico, tanto por parte de policías como de bandas delictivas.
Adicionalmente, los peligros inherentes al desplazamiento encima de trenes de carga, el recorrido por desiertos, el cruce de ríos.
En el país receptor: detención prolongada, abusos en los centros de reclusión, deportación sin derecho a ser escuchados ni al debido proceso, impidiendo que la persona detenida pueda comunicarse con el agente consular de su país más cercano al lugar de detención.
Aquellos(as) que logran evadir los controles migratorios fronterizos y encuentran un empleo también están sujetos a diversas arbitrariedades: remuneraciones por debajo del salario mínimo, hostilidad, racismo, cobros elevados por parte de los intermediarios por concepto de envío de remesas.
Las consecuencias para Honduras: sangría permanente de su más valioso recurso: el humano y de su capital social; desintegración familiar, extrema dependencia de la economía del rubro remesas.
Entre las paradojas de esta realidad citemos el hecho que mientras las y los hondureños de escasos recursos que han migrado al exterior mantienen a flote las económicas locales y la nacional con sus remesas, algunos compatriotas pudientes envían al exterior sus ganancias, lo que constituye una permanente fuga de capitales.
Buena parte de esas remesas se destinan al consumo y no a la inversión, beneficiando en última instancia a los sectores financiero y comercial antes que a las familias de los migrantes, representando así un pingüe negocio el éxodo y la diáspora de nuestros compatriotas hacia lo desconocido, incierto y peligroso.