La contribución de los hondureños que debieron emigrar ante la falta de oportunidades en el país es de tal magnitud que hasta el 8 de noviembre habían aportado 2,434.3 millones de dólares, por encima de los 2,038.5 millones producto de las exportaciones de bienes, según datos del Banco Central de Honduras (BCH).
Sin embargo, el mismo gobierno que solo gracias a los inmigrantes no presenta un deterioro económico mayor al que ya sufrimos, no mejora en nada el trato que se les da a esos compatriotas, tanto en la atención en consulados y embajadas como cuando requieren auxilio legal o cuando son víctimas de violaciones a sus derechos o son deportados.
Peor aun, como lo ha denunciado la directora del Centro de Atención al Migrante Retornado (CAMR), sor Valdette Willeman -un verdadero ángel para los deportados-, en la actualidad es el mismo gobierno, por medio de la Cancillería, el que está contribuyendo a un mayor sufrimiento de los compatriotas que se encuentran detenidos en proceso de deportación porque los consulados de las ciudades estadounidenses donde se presentan el mayor número de casos no están extendiendo los salvoconductos que permitan su pronta repatriación.
La única explicación que hasta ahora ha surgido a raíz de tan inhumana inacción es la de la propia directora del CAMR, para quien el gobierno estaría reteniendo el proceso de deportación con el único fin de que el número de compatriotas repatriados no rompa el récord existente, ya que podría superar los 32 mil en 2012.
Para colmo ni el martes, que fue el día en que sor Valdette Willeman hiciera la denuncia, ni el miércoles hubo reacción verbal siquiera de parte de la Cancillería, cuyo titular parece que ha estado más interesado en la cuestión política, sin pertenecer a ninguno de los partidos que compitieron en las elecciones primarias, que en mejorar el desprestigiado servicio exterior catracho y atender a los compatriotas que sostienen la economía nacional.
La Cancillería tiene la obligación legal de manejar mejor los intereses del país y de nuestros compatriotas en el mundo y en el caso de los migrantes se suma también el compromiso moral, con base en la solidaridad y el agradecimiento, para actuar con diligencia, prontitud y honestidad frente a quienes se han constituido en el pilar de la economía hondureña.