Mientras unos informes y estadísticas, como los que nos dicen que ha disminuido el hambre y la mortalidad infantil, nos demuestran que incluso en medio de las dificultades se ha hecho mucho y se puede hacer mucho más para mejorar las condiciones de vida de los hondureños; en otros, como el presentado el miércoles por UNICEF, se nos recuerda que todavía hace falta muchísimo más que hacer, principalmente en materia de igualdad.
En efecto, el informe presentado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, en Casa Presidencial, y en cuya elaboración participó también la Secretaría de los Pueblos Indígenas y Afrohondureños y el Instituto Hondureño de la Niñez y la Familia (Ihnfa), pone al descubierto el abandono en que se encuentran la población indígena y afrohondureña.
Incluso en medio de la pobreza en que sobrevive la mayor parte de la población hondureña en general, la situación de los grupos étnicos es todavía más grave, según el informe.
La desnutrición crónica afecta actualmente al 35 por ciento de la población infantil indígena y afrohondureña. Y es que el 97.3% de esos futuros ciudadanos vive en situación de pobreza y el 59.7% en pobreza severa.
Tampoco hay esperanzas de que esa situación vaya a cambiar positivamente en el futuro ya que a las desventajas de quienes están recibiendo educación, con tantas carencias nutricionales, se suma el hecho de que alrededor del 33.1% no asiste a la escuela por enfermedad, huelgas de maestros o porque simplemente tienen que trabajar en el campo.
Por si todo esto fuera poco, apenas el 43.5% de los infantes de 13 a 17 años de edad tienen acceso al sistema de educación secundaria, o sea que la mayoría tampoco estudia.
El informe, titulado “Niñez indígena y afrohondureña”, revela la actual situación de la niñez misquita, garífuna, tawahka, maya chortí, nahua, negra de habla inglesa, pech, lenca y tolupán.
El mencionado informe de UNICEF evidencia otra realidad incuestionable en Honduras: la desigualdad.
Esto convierte en un imperativo categórico la necesidad de aumentar la inversión, pero hacerlo de manera tal que los beneficios lleguen hasta los sectores más postergados.
Es importante mejorar las estadísticas sociales, pero obviamente no es suficiente mientras no se disminuya la desigualdad.