Opinión

La responsabilidad de los medios

Los medios de comunicación, tan vitales en una democracia, también juegan su rol en los procesos eleccionarios: auscultan la opinión ciudadana, profundizan en la conducta de la clase política y exponen a la ciudadanía sus propuestas; son, además, la mejor vitrina para el debate.

Obviamente, como el resto de los participantes en el proceso electoral, los medios de comunicación deben respetar las leyes establecidas y las directrices señaladas por el Tribunal Supremo Electoral (TSE); pero no solo eso, también tienen el compromiso de difundir esas reglas establecidas y también instar a que nadie se salga de lo que ellas señalan, a fin de garantizar una sana competencia en igualdad de condiciones y con plena transparencia, lo que redunda en legitimidad y credibilidad.

En ese sentido, ya el TSE ha dejado claramente establecido la estricta prohibición de que el próximo domingo se difundan resultados de encuestas a boca de urna antes de las siete de la noche, las que también solo podrán hacer las empresas previamente autorizadas por ese mismo organismo.

Los medios de comunicación tenemos una extraordinaria responsabilidad cívica y debemos contribuir a la democracia, aportando lo que nos corresponde para que el proceso electoral, las votaciones mismas, la divulgación de resultados y hasta la celebración de los ganadores se realicen en un clima de plena transparencia, honestidad, tranquilidad y respeto.

Debemos admitir que la competencia electoral genera presiones y emociones, por lo que la tarea misma de informar y de emitir opinión debe ser incluso más cuidadosa que lo normal, evitando caer en trampas o en intereses sectarios o ideológicos que conllevan componentes de alta volatilidad.

No divulgar resultados más que en los tiempos y las formas fijados por el TSE, llamar a la paz y la no violencia, orientar a los electores son, entre otras, obligaciones ineludibles de los medios de comunicación.

La cuestión es contribuir al fortalecimiento de la democracia, al incremento de la cultura política del hondureño, al respeto de las ideas y, fundamentalmente, a hacer del proceso electoral no un fin sino solo un medio para que la mayoría del pueblo hondureño elija a los gobernantes que crea pueden sacar al país del atolladero en que hoy se encuentra.