Opinión

La crisis energética y los culpables

La falta de previsión, de planificación, de prospectiva, es una de las principales causas de los múltiples e ingentes problemas que sufrimos los hondureños, sin que se atisben siquiera visos de un cambio de actitud en el poder gobernante. En algunos casos todo es producto de la mera negligencia y la ineptitud, pero en muchos otros se trata de una estrategia –esa sí planificada-- para abrir las puertas a la corrupción, para que redentores artificiales puedan hacer sus “milagros” o una fusión de ambas.

Con todas las expectativas creadas, algunas incluso basadas en acciones iniciales, la crisis energética que se ha traducido en prolongados “apagones”, ya oficialmente anunciados como tales, se convierte en una especie de balde de agua fría sobre las espaldas de Honduras porque, además de los incalculables daños ocasionados por la falta del estratégico fluido eléctrico en estos momentos, significa que tampoco existe ninguna planificación real para sacar al país de la crisis económica y si la hubiera sería absolutamente deficiente por no contar con la disponibilidad de tan vital recurso.

Y no es cierto que la crisis nos agarró sorpresivamente o con los “calzones abajo”, como dijo un dirigente empresarial, ni que “el problema directo es el fenómeno El Niño, la prolongación de la falta de lluvias y las altas temperaturas”, como intenta excusarse el actual gerente de la ENEE, Emil Hawit, que está desde mayo de 2012 en el cargo.

Desde hace muchísimo tiempo, con mayor énfasis desde la crisis energética que encontró la administración Reina y que abrió las puertas a la privatización de la generación y medición de energía, y al gran negocio de las plantas térmicas, se viene hablando de la necesidad de revertir la dependencia de carburantes y demás fuentes naturales y limpias de generación que tiene el país como el agua, el viento, el sol.

El déficit actual de energía fue advertido en enero pasado por EL HERALDO. La sequía fue pronosticada desde el año pasado por los expertos. La crisis económica de la ENEE es de vieja data. En realidad, con un mínimo de decencia no queda más que aceptar que todo lo que ahora ocurre era previsible y, por lo tanto, evitable.

¿Que la pobreza es la culpable? Pero, entonces, ¿cómo es que Nicaragua, al asumir en 2007 el actual gobierno más pobre que Honduras, con una crisis energética peor que la nuestra (hasta 14 horas de “apagones”), en solo cinco años logró no solo superarla sino contar ahora con energía hasta para vender y dependiendo mucho menos de la generada con carburantes?

Tags:
|