Los docentes andamos en búsqueda constante que nuestros estudiantes tengan acceso al universo maravilloso de las palabras, no para que sean escritores, como decía Rodari, sino para que no sean esclavos…
Y qué docente no se va a deslumbrar leyendo trabajos de aula como estos: “La literatura es infinita como el cosmos, ambigua como tirar dos dados y estética como la naturaleza”, escribe Ricardo Mazier. Diego Umanzor, que me sorprende cada vez que hacemos trabajo de creación literaria, escribe: “La ambigüedad literaria es la esencia sobrenatural del escritor, es su alma fracturada”. Definitivamente son peligrosos pluma en mano. Son certeros con la palabra.
“La literatura es un pensamiento íntimo que trasciende tus propios pensamientos”, dice Andrea Zelaya. Otro joven, Leónidas Pineda, es honesto y dice que “cuando escribo literatura mis pensamientos se vuelven ambiguos, me ofusco”,.
Evidentemente los fragmentos anteriores han sido concebidos por estos muchachos, apenas adolescentes, después de interesantes experiencias de creación literaria. Hace unas pocas semanas Roberto Banegas, un aficionado a la música electrónica, se atrevió a literaturizar esa pasión y surgió esta maravilla: El tech house que libera los movimientos más puros y simples del alma o el house progresivo que te hace explotar de alegría cuando el artista deja caer los bajos al ritmo del corazón. ( … ) Es más que un género, es un sentimiento indescriptible que cambia nuestra forma de pensar en un mundo tan depresivo y lleno de problemas.
Cierro con Andrea Peña, también apenas una adolescente: “La literatura es la lluvia en un día cotidiano, es trascendente como los días de verano, es clara y, a la vez, ambigua…”.