Opinión

¡Honduras puede vivir sin Fuerzas Armadas!

La idea de tener un Ejército en nuestro país pareciera que solamente fue un plumazo de don Dionisio de Herrera, en la naciente República, donde se cimentaron las bases para crear las instituciones del Estado necesarias, a fin de alcanzar su visión, así que no sorprende que casi doscientos años después, cualquier persona de nuestra patria actual y amparada en las libertades mediáticas que otorga nuestro sistema de gobierno democrático, pueda verter opiniones en foros nacionales e internacionales, tendientes a dejar a la nación hondureña sin sus Fuerzas Armadas y sin previamente hacer un profundo análisis de esas instituciones en mención, incluyendo la destinada a la educación pública, responsable del verdadero atraso de un pueblo.

Así como puede privarse de la autonomía a una institución del Estado, sea cual fuere esta, como se demostró en el pasado reciente con la institución armada, también pueden hacerse cambios de actitud salomónica para que las armas del pueblo puedan almacenarse y que al ocurrir una contingencia soberana, cada ciudadano corra a las bodegas a reclamar su arma y al grito de ¡Adelante mis muchachos! el territorio pueda ser defendido; es más, como un país signatario de todos los convenios habidos y por haber, al día siguiente de esa contingencia, podríamos según esos pensamientos, tener aliados haciendo fila para defender lo nuestro, como sucedió recientemente con las divergencias por el río San Juan, entre las hermanas repúblicas de Costa Rica y Nicaragua, que siguen impactando las relaciones regionales.

En nuestra nación ya estamos acostumbrados a trastocar la Constitución para sacar piedrecillas de los zapatos, así que un par de artículos menos no representarían más un problema de mnemotecnia estudiantil y menos para los interesados en llevar a una campaña política un tema de interés nacional. Solamente sería un pequeño favor para las amenazas que se ciernen en torno al Estado de Honduras, no ahora, si no para más allá de 2050, cuando no va a importar quién se está parando sobre nuestra tumba, o a cuál país le compete educar a los niños de Comayagua ya que no se delimitó en debida forma el canal interoceánico.

La pregunta ahora es, ¿qué son las actuales Fuerzas Armadas de Honduras? Porque si el hondureño, llámese este campesino, comerciante, empresario, funcionario publico, policía, estudiante, obrero, artesano, ama de casa o simplemente pueblo y que ocupe el cargo que sea, como Presidente, ministro, director, rector, comisionado etc., no sabe o desconoce que esta es la institución más útil para la nación, no debería llamarse hondureño ni ocupar cargos honrosos que le son conferidos por algún tipo de excelencia o por su capacidad de análisis sin apegarse a sentimientos meramente humanos o de carácter revanchista.

No es desconocido por nuestro pueblo que el soldado hondureño actual ha recibido un legado de nuestros próceres, que está plasmado en la carta magna y en virtud de ello, las características más relevantes de este son la vocación de servicio al pueblo en el campo que lo necesite, su capacidad profesional en las diferentes áreas académicas superiores y la implacable lucha contra los enemigos del estado de derecho y la nación, donde estos hagan su trinchera. Además de ello este soldado, rectorado por el primer ciudadano de Honduras y dirigido por un ministro de Defensa de grandes capacidades, no pone excusas a los poderes del Estado, conferidos por voluntad popular para cumplir tácitamente la misión que le sea confiada, en cualquier milímetro del sagrado territorio nacional, como se demuestra en el diario vivir del país, sin buscar un protagonismo mediático o desleal.

Los actuales ciudadanos, los que creemos en las autoridades investidas por el pueblo y que tenemos esperanza en una Honduras respetada, libre y soberana, tenemos plena confianza en las instituciones del Estado, que ponen orden a lo interno, que no actúan en complicidad de malos ciudadanos y que se esfuerzan por llevar al país por el rumbo acertado hacia el bien común y también sabemos entender las razones del porqué un tema es de palestra pública impulsiva y está siendo manejado por intereses antisistema o por hondureños a quienes les endulzan los oídos y que sin conocer a profundidad un tema tan delicado como el de la función defensa, se aventuran por resultados rápidos y mezquinos que solo favorecen a las variables del caos, ambiente que garantiza la libertad de acción de las amenazas tradicionales y emergentes para una nación.