Opinión

Frutos de las guerras e intervenciones

Los dos bombazos ayer afuera de comisarías en Bengasi y el retiro de personal de la Embajada británica en Trípoli ante la creciente inseguridad, además de lo que ocurre a diario en Irak y Afganistán, son pruebas irrefutables de que las guerras y las intervenciones extranjeras no ayudan al establecimiento de la democracia, al respeto a los derechos humanos ni a la libertad en el mundo.

Más de dos años después del asesinato de Muamar Gadafi —quien en sus últimos años se había reconciliado con las grandes potencias mundiales, tanto que habría financiado la campaña del Nicolás Sarkozy y hasta contribuido a la “guerra contra el terrorismo”— y el desmantelamiento de su régimen, la inseguridad, la ingobernabilidad y la violencia es tanta en Libia que el pasado miércoles Francia, Estados Unidos y Gran Bretaña, emitieron un inusitado comunicado en el que pidieron “a todos los libios a abstenerse de protestas armadas y violencia durante este tiempo difícil de la transición democrática”.

Y es que contrario a las multitudes civiles que con sus protestas derrocaron a autocracias, como la de Túnez y Egipto, en Libia múltiples grupos armados, incluyendo yihadistas, se aprovecharon de la “primavera árabe” y de la ayuda directa de las potencias occidentales para fortalecerse militarmente, tanto que ahora son más poderosos que el endeble Estado. La Libia de hoy no es mejor que la gobernada por Gadafi.

En Irak, la violencia y la confrontación entre el régimen chiita, dejó solo en el pasado mes de abril 460 muertos y miles de heridos, lo que se suma a toda las muertes, indecibles violaciones a los derechos humanos, el dolor y la destrucción provocada por la invasión y la ocupación por fuerzas extranjeras lideradas por Estados Unidos. El Irak de hoy no es mejor que el gobernado por Saddam Hussein.

En Afganistán, la sangre sigue corriendo, tanto la de civiles inocentes, como la de soldados de las fuerzas de ocupación. Solo la semana anterior murieron otros siete soldados estadounidenses y tres británicos. Los fraudes electorales y la corrupción son las principales características del régimen que sustituyó a los talibanes.

Ojalá que el acuerdo anunciado esta semana por Estados Unidos y Rusia para buscar una salida negociada a la guerra civil en Siria no se descarrile para evitar que allí —donde los intentos para derrocar a Bashar al Asad ya han dejado 70 mil muertos— se repita el mismo error, la misma tragedia para millones de seres humanos.

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