La galopante criminalidad ha convertido a Honduras en uno de los países más inseguros del mundo, donde las empresas dedicadas a prestar servicios de seguridad están entre las más prósperas. Pero la falta de control de las mismas, al extremo que oficialmente se reconoce que unas 450 operan sin siquiera estar inscritas como tales, solo sirve para exhibir aún más la debilidad del Estado hondureño a pesar de las expectativas creadas con cada gobierno.
Desde que se abrieron legalmente las puertas para que el suministro de seguridad se convirtiera en otro negocio más, se prometió un estricto control de las mismas ya que se trata de personas armadas, que cada día superan en número a los policías y militares. A principios del año pasado una funcionaria de la ONU que visitó el país calculó entre 60 mil y 70 mil la cifra.
Cada vez que hay cambio de gobierno los nuevos inquilinos de Casa Presidencial prometen controlar a estos grupos armados privados. Pero es obvio que la Secretaría de Seguridad ni siquiera ejerce un control efectivo de las 850 que se encuentran legalmente inscritas, tanto en lo relacionado con la clase de elementos que están contratando como con el armamento del que disponen. Abundan incluso las denuncias de que muchas de ellas ni siquiera cumplen con las leyes laborales con relación a horarios de trabajo, salarios, pago del decimotercer y decimocuarto mes, etc.
Pero el asunto puede ser peor, ahora que se habla de 450 empresas de seguridad “brujas”. Eso es un peligro. Son pequeños ejércitos que nadies controla ni supervisa.
La Secretaría de Seguridad ha anunciado, empero, que ahora sí las controlará; para lo que está instando a los empresarios que actualmente están fuera de la ley a que procedan a regularizar su situación, y a todos los demás les ha recordado que no deben de contratar como agentes privados de seguridad a quienes tengan antecedentes delictivos.
Esperemos que esta vez no sea más de lo mismo que desde hace tiempo venimos escuchando: pura palabrería, al igual que la cacareada depuración policial, que tiene como único propósito aparentar que se está haciendo algo.
Como el presidente Juan Orlando Hernández en algunos campos ha exhibido cierto ímpetu, es necesario que canalice esta energía para ejercer pleno control sobre estos cuerpos armados.