Aunque el gerente de la ENEE, Emil Hawit Medrano, pretende excusarse en que “buscar responsables (de la actual crisis energética) es como decir quién es el responsable de la crisis alimentaria por la sequía”, y que “el problema directo es el fenómeno El Niño, la prolongación de la falta de lluvias y las altas temperaturas”, lo cierto es que los “apagones” son producto, simple y llanamente, de la falta de planificación.
La verdad es que la sequía --atribuible al fenómeno meteorológico de El Niño-, causante de la pérdida de cosechas en el sector agrícola y de la escasez de agua para la generación de energía hidráulica, viene siendo pronosticada por los expertos desde el año pasado, por lo que sí hubo tiempo suficiente para planificar una respuesta adecuada a la misma, pero no se hizo.
En el caso específico del ingeniero Hawit, ni siquiera tiene la excusa de los funcionarios que asumieron después de la toma de posesión del presidente Juan Orlando Hernández, el 27 de enero pasado, ya que él fue nombrado desde mayo de 2012 por el entonces presidente Porfirio Lobo Sosa, o sea que ya tiene más de dos años de estar en el cargo. El sambenito de que está “aprendiendo” o que es una situación “heredada”, una de las salidas preferidas de los burócratas catrachos, no es válida para él.
Pero no solo eso. De forma puntual se le advirtió, oportunamente, que el país estaba al borde de una crisis energética, como cuando en enero pasado EL HERALDO expuso que se había alcanzado un punto de equilibrio entre la oferta y la demanda de fluido eléctrico, por lo que si no se tomaban las medidas preventivas pertinentes entraríamos en un déficit, como el que hoy sufrimos.
La crisis económica de la ENEE, que se viene arrastrando desde muchos años atrás, también era públicamente conocida, incluyendo el creciente endeudamiento con las empresas de generación térmica, igual que el decaimiento en la capacidad de generación de “El Cajón” debido a las filtraciones de la represa, cuyas reparaciones desde hace tiempo se vienen postergando, y Hawit no hizo nada para marcar la diferencia. Es cierto que la crisis de la ENEE es vieja y que se empeoró cuando se dejó la generación --el mejor negocio del rubro-- en manos de empresas privadas, a una de las cuales incluso se le entregó hasta el trabajo de medición; pero también lo es que si el actual gerente hubiera actuado con la eficiencia, con la previsión, con la planificación y con la actitud de empresario privado de éxito, no estuviéramos en la crisis energética que contribuye a empeorar las condiciones de vida de los hondureños y, para colmo, ensombrece las perspectivas futuras.