Opinión

ELECCIONES CHILENAS

Más de 15 millones de chilenos están convocados para las elecciones presidenciales y legislativas de hoy en las que se elegirá al sustituto de Sebastián Piñera, primer presidente derechista de la era post-Pinochet, y en las que aspiran a convertirse en congresistas muchos de los principales dirigentes de las protestas estudiantiles que, además de exhibir las debilidades del sistema educativo, hicieron cambiar la agenda del gobierno y de los propios políticos.

Las encuestas señalan como favorita a la expresidenta y primera titular de ONU Mujeres, la socialista Michelle Bachelet (62 años), hija de un general demócrata que murió en poder de la dictadura militar, ante un débil oficialismo, con una tortuosa campaña, que presenta como candidata a la Presidencia a Evelyn Matthei (60 años), hija de un general fiel a Pinochet.

Tal y como lo ha denunciado la derecha pinochetista, todo parece indicar que Bachelet dará un mayor giro a la izquierda al gobierno que, de confirmarse hoy las encuestas, conducirá desde marzo del 2014 hasta marzo de 2018.

De hecho, las principales propuestas de Bachelet --cuya coalición ahora es la Nueva Mayoría, lo que marcó el final de la Concertación con la que gobernó de 2006 a 2010, al igual que todos los gobiernos de la era democrática-- incluyen la elaboración de una nueva Constitución, que sepulte la impuesta por la dictadura militar, una profunda reforma educacional que permita la gratuidad y elimine el lucro con fondos públicos y una reforma tributaria para financiar los cambios que propone a fin de disminuir los altos índices de desigualdad, que es la raíz de la mayoría de los problemas sociales de Chile.

El presidente Piñera, con incontrastables éxitos en el manejo macroeconómico, tal y como lo habían hecho los gobiernos de la Concertación, se despide, sin embargo, con una popularidad por los suelos; quizás porque más allá de su desempeño personal, y después de un cuarto de siglo de envidiable crecimiento económico que hicieron de Chile un referente de la eficiencia neoliberal, la sociedad chilena finalmente ha aterrizado en que ahora hay que disminuir la brecha entre los más ricos y los más pobres y que eso solo puede hacerse con un Estado más influyente.

Dándose por descontado el triunfo de Bachelet, la gran incógnita a descubrirse hoy es si será con tanta contundencia que evitará la segunda vuelta o tendrá que esperar hasta el próximo 15 de diciembre.