Opinión

El imperialismo ruso

La crisis de Ucrania, la peor confrontación desde la “guerra fría” entre las potencias occidentales, lideradas por Estados Unidos y Rusia, pone de manifiesto una vez más la arrogancia imperialista, el doble rasero en las relaciones internacionales, las justificaciones a conveniencia de las tropelías cometidas por los más fuertes, quienes, incluso, interpretan y acomodan las leyes internacionales a su propia conveniencia.

De esta forma, la Rusia de Vladimir Putin, un nostálgico del antiguo poderío de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que se siente engañado en la arena internacional y hostigado en sus fronteras por sus contrapartes occidentales, en una acción fulminante aprovechó la crisis desatada por las violentas manifestaciones, también respaldadas desde el exterior, que terminaron derrocando al gobierno prorruso de Viktor Yanukovich, para “recuperar” la zona autónoma de Crimea, entregada a Ucrania en 1994 por la entonces URSS, y hasta la ciudad portuaria de Sebastopol.

Al más puro estilo imperialista, tantas veces exhibido por Estados Unidos con sus intervenciones en el extranjero, y hasta repitiendo para su beneficio el respaldo popular que en su momento obtuviera George W. Bush con su tristemente célebre “guerra contra el terrorismo”, Putin desafió las amenazas occidentales y, encaramado en una ola de popularidad de raíces nacionalistas y nostálgicas, no solo se ha anexado Crimea y creado el temor de que lo mismo pudiera suceder con más territorios fronterizos, sino que ya ha respondido con medidas similares a las sanciones impuestas por Washington y hasta ha amenazado con más.

Estados Unidos ya ha dejado claro que no habrá respuesta militar al desafío de Moscú y los líderes europeos, en su cumbre del jueves, han adoptado lo que han llamado una “paciencia estratégica” y abundaron en dubitaciones y ambivalencias como cuando la canciller alemana Ángela Merkel preguntaba al Consejo Europeo: “¿Tenemos claras las consecuencias? ¿Estamos listos para el siguiente paso?”, o cuando el combativo primer ministro británico advertía que “cuando das un puñetazo puedes lesionarte la muñeca”.

Por lo pronto, Putin está ganando la partida. Esperemos que esto no lo estimule a ir más allá. Por su parte, la mejor movida que pueden hacer las potencias occidentales ante tan desventajosa situación es rescatar del desastre a Ucrania, contribuir a instalar allí un gobierno realmente democrático, que respete a las minorías prorrusas del oriente de ese país y, en vez de convertirla en plataforma contra Moscú, hacer de ella buen ejemplo de éxito político, social y económico.