Opinión

El futuro del chavismo

Cuando las emotivas manifestaciones populares y el protocolo oficial empiezan a amainar en Venezuela y el resto del mundo, tras la muerte de Hugo Chávez Frías, ya solo van quedando los temores y las esperanzas, las expectativas y las maniobras, --principalmente en el campo político-- que si bien están presentes en estas alargadísimas honras fúnebres, de ahora en adelante serán mucho más visibles los esfuerzos de ambos bandos para que se conviertan o no en realidad, para que se materialicen o se esfumen, para que tengan éxito o fracasen.

Más allá del indiscutible liderazgo de Chávez entre las grandes mayorías venezolanas y del odio y amor que desató en el continente americano y en el mundo; de su peculiar y confrontativa forma de hacer política, de su improvisado estilo de tomar decisiones, de su absoluta irreverencia ante los centros mundiales del poder; de la gran huella que deja su paso por esta vida, la inmensa duda que empezará a despejarse a partir de hoy es si su ambicioso proyecto le sobrevivirá o se irá con él a la tumba.

Obviamente, sus herederos políticos, encabezados por el “presidente encargado” Nicolás Maduro, --conscientes de que el primer reto que deben enfrentar es ganar las elecciones que, según la Constitución, debe realizarse en 30 días--, tratan de sacar el máximo provecho del capital político acumulado por Chávez, quien salió victorioso en los muchos comicios a los que se sometió y gozaba del respaldo del 70% de los venezolanos, según encuestas realizadas antes de anunciarse su muerte.

La oposición venezolana, encabezada por el seguro próximo candidato, Enrique Capriles, un auténtico demócrata que lo demostró al reconocer gallardamente su derrota en octubre pasado y con su respetuoso mensaje tras la muerte de Chávez, también hace lo propio para estructurar una efectiva campaña electoral que le permita sumar a los seis millones de votos obtenidos todo el resto que necesita para vencer al chavismo, tratando de sacar provecho de la más mínima escisión en sus filas y de la incertidumbre de quienes ya dudaban del éxito del proyecto bolivariano y más ahora con la muerte de su creador y máximo promotor.

Algo similar ocurre con la proyección internacional del “Socialismo del Siglo XXI”. Los que quieren afianzarlo o propagarlo y quienes sueñan con que muera con Chávez, seguirán con sus esfuerzos, con sus maniobras.

Pero al final, si las ideas de Chávez mueren con él solo significará que no estaban basadas en la realidad, solo podían ser aplicadas en un país petrolero como Venezuela, su personalismo le impidió crear estructuras sustentables…

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