Todos los caminos llevan a Roma. En este caso, yo diría que todos los caminos llevan a Santiago.
Mi nombre es Ana Ponce, soy hondureña tengo 22 años y vivo actualmente en Francia. Vivir en el viejo continente es algo que le interesa a la mayoría de hondureños, y una vez estando aquí hay mucho por hacer y ver.
Las vacaciones de invierno llegaron y mi compañera estadounidense y yo decidimos emprender una nueva aventura: el camino de Santiago. El Camino de Santiago es una ruta que recorren los peregrinos procedentes de toda España y de toda Europa para llegar a la ciudad de Santiago de
Compostela, donde se veneran las reliquias del apóstol Santiago el Mayor. Durante toda la Edad Media fue muy concurrido, después fue ligeramente olvidado y en la época actual ha vuelto a retomar su gran auge. Escogimos el camino portugués por su buen clima en esta época del año.
Caminamos por 5 días el total de 115 kilómetros. Empezamos nuestro viaje en la bella ciudad de Porto en Portugal. Luego avanzamos a Tui, en España, en donde nos esperaban varios kilómetros por delante.
Cuando no se ha empezado el peregrinaje es visto como una caminata larga y cansada. Pero el peregrinaje es más que eso. La soledad del camino, los paisajes, los colores del atardecer, el sonido de la naturaleza, el dolor del cuerpo te hace consciente, la fatiga, los otros peregrinos, hacen del camino de Santiago algo totalmente personal y mágico.
A lo largo del camino se siguen las muy conocidas flechas amarillas que guían a lo largo del recorrido la dirección a seguir. Las puedes encontrar en una esquina, en un muro, en un basurero, en la acera. Realmente es una pena que en la vida no haya flechas amarillas.
Se sienten los pies destrozados, pero el alma se siente más viva y sana que nunca.
Por las tardes se llega al pueblo siguiente cumpliendo una etapa más, cada etapa consiste en un promedio de 25 kilómetros, al llegar al pueblo los peregrinos se alojan en los albergues, los cuales son muy acogedores y de un precio muy cómodo.
Ignacio, de Ourense, describió el camino de la siguiente manera: “Una etapa del camino es como una metáfora de la vida: hay cuestas arriba, cuestas abajo, terreno llano, momentos buenos, momentos malos, tiempo para pararse, para pensar, para conversar…”.
Durante este viaje me sentí muy feliz, diferente, pensé en mi familia (la cual extraño), en mis amigos, en Dios y sobre todo en mí. Todos deberíamos peregrinar, tener tiempo para nosotros mismos. Ser más pasivos, más alegres y más conscientes de nuestro alrededor.
Y como diría cualquier otro peregrino: les deseo un ¡buen camino!