En relación con este rubro de vital importancia para la sociedad y la economía hondureñas, dos recientes noticias positivas: la primera, su crecimiento interanual de $90.9 millones, equivalente a 14.3%, en tanto que al 2 de febrero alcanzaron $726.6 millones, de acuerdo con el informe semanal publicado por el BCH; la segunda, la actualización de la información relativa a remesas y migración, a ser incorporada en la Encuesta Nacional publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE).
Diario EL HERALDO el mes pasado publicó una serie de reportajes dedicados a ambos temas, verificando el despoblamiento que ocurre en diversos municipios a medida que más y más de sus pobladores optan por abandonar sus comunidades para emprender el incierto y cada vez más peligroso periplo hacia el extranjero, en búsqueda de empleo, seguridad, oportunidades de superación, inexistentes o muy limitadas en su patria, al igual que el impacto de estos flujos monetarios particularmente en vivienda, ganadería y agricultura.
Los y las beneficiarios de las remesas deben comprender y valorar tales dineros que, con frecuencia, significan para quienes los envían abstenerse de comodidades básicas con tal de que sus seres queridos los reciban a tiempo. Además, deben invertirlas juiciosamente, sea para construcción de vivienda, tratamientos sanitarios, creación de microempresas generadoras de ingresos adicionales, reduciendo los montos dedicados al consumo, en ocasiones superfluo.
Algo que no debe olvidarse es que nuestra economía no puede depender indefinidamente de las remesas, se deben diversificar las actividades laborales generadoras de empleo y riqueza al igual que la producción y productividad, también poner un alto a la diaria hemorragia constituida por el éxodo poblacional hacia otras latitudes que significa, con frecuencia, la desintegración familiar y la pérdida del más valioso recurso: el humano.