Irónicamente, los inmigrantes, los que se vieron obligados a irse del país en busca de la oportunidad laboral que no encontraron en el terruño que les vio nacer, son las que, con sus remesas, siguen siendo la piedra angular de la débil economía hondureña.
Las cifras oficiales así lo demuestran, pues a la luz de las mismas se constata que aún en medio de la pandemia de covid-19 que ha golpeado a todo el mundo, el envío de remesas a Honduras no se redujo, y más bien creció de 440 a 590 millones de dólares de enero a agosto del bienio 2020-2021, como consecuencia de la recuperación de la economía mundial, pero principalmente de la de Estados Unidos donde residen, según proyecciones, casi un millón de hondureños y hondureñas, la mayoría de ellos indocumentados.
De acuerdo con las proyecciones actualizadas del Banco Central de Honduras (BCH), el crecimiento de remesas en 2021 será de un 18%, pero en base a las cifras recientes el aumento se situará entre el 22.5 y 24% y de alcanzarce tales proyecciones, la remesas sumarán al cierre del año, la cifra histórica de 7,113.4 millones de dólares.
Lo lamentable es que detrás de cada uno de esos dólares que ingresan al país hay una historia de dolor, de lágrimas, de maltratos, de trabajo duro, de desunión familiar, de cada uno de los migrantes que los envían.
Pero también está reflejado el desinterés de la clase gobernante que históricamente ha desatendido las necesidades de los grupos poblacionales menos favorecidos, y les ha orillado a tener en la migración ilegal una puerta de salida a sus problemas. Esta sigue siendo, a su vez, la razón por la cual miles de hondureños más siguen teniendo en los Estados Unidos su único referente para salvar de la pobreza y la miseria a sus familias, y sin importar los riesgos que ello conlleva se arriesgan a iniciar la peligrosa ruta que los lleve a cumplir sus sueños.
Las cifras oficiales así lo demuestran, pues a la luz de las mismas se constata que aún en medio de la pandemia de covid-19 que ha golpeado a todo el mundo, el envío de remesas a Honduras no se redujo, y más bien creció de 440 a 590 millones de dólares de enero a agosto del bienio 2020-2021, como consecuencia de la recuperación de la economía mundial, pero principalmente de la de Estados Unidos donde residen, según proyecciones, casi un millón de hondureños y hondureñas, la mayoría de ellos indocumentados.
De acuerdo con las proyecciones actualizadas del Banco Central de Honduras (BCH), el crecimiento de remesas en 2021 será de un 18%, pero en base a las cifras recientes el aumento se situará entre el 22.5 y 24% y de alcanzarce tales proyecciones, la remesas sumarán al cierre del año, la cifra histórica de 7,113.4 millones de dólares.
Lo lamentable es que detrás de cada uno de esos dólares que ingresan al país hay una historia de dolor, de lágrimas, de maltratos, de trabajo duro, de desunión familiar, de cada uno de los migrantes que los envían.
Pero también está reflejado el desinterés de la clase gobernante que históricamente ha desatendido las necesidades de los grupos poblacionales menos favorecidos, y les ha orillado a tener en la migración ilegal una puerta de salida a sus problemas. Esta sigue siendo, a su vez, la razón por la cual miles de hondureños más siguen teniendo en los Estados Unidos su único referente para salvar de la pobreza y la miseria a sus familias, y sin importar los riesgos que ello conlleva se arriesgan a iniciar la peligrosa ruta que los lleve a cumplir sus sueños.