En esta fecha dedicada a ellos, es válido reflexionar acerca de los disímiles comportamientos conductuales de los padres con su esposa, hijas, hijos, por cuanto dependiendo del papel asumido cotidianamente se originan repercusiones y consecuencias duraderas, sean estas gratas o ingratas, placenteras o traumáticas, positivas o negativas.
Los hay responsables, que mediante su trabajo y esfuerzos contribuyen decisivamente a la cohesión familiar, al sustento cotidiano, al recíproco amor y ternura. Sabe, de manera inteligente, combinar energía con bondad, firmeza con flexibilidad, según las circunstancias lo requieran, utilizando el diálogo, la interacción permanente con la compañera de hogar y con la prole.
Cuando le toca disciplinar, antes que apelar a la imposición recurre a la persuasión. Con ello, proyecta la imagen de padre y amigo, logrando ganarse la confianza de ellas y ellos.
Por desgracia, existe el reverso, la antípoda: aquel padre irresponsable en el cumplimiento de sus deberes y obligaciones, promiscuo, egoísta e insensible a las necesidades materiales y afectivas de las hijas, hijos, cónyuge, machista e intolerante, autoritario, dictador del hogar, propenso a utilizar la fuerza, los castigos corporales, las burlas y humillaciones. Es el padre biológico por cuanto ha engendrado, pero no llega a alcanzar el sentido completo y total de lo que significa la paternidad.
Es de desear que, eventualmente, prevalezca el primer modelo, para bien de él mismo y su familia nuclear, célula madre del tejido social en cualquier tiempo y lugar.
A aquel se le recuerda, una vez fallecido, con afecto, nostalgia y respeto. Su ausencia se hace sentir, empero -en más de un sentido-, continúa vivo en el corazón y mente de sus descendientes.
A este se le teme, quedando indeleblemente grabada una imagen negativa; con el transcurso de los años se le puede llegar a perdonar sin por ello olvidar los abusos y agravios cometidos perpetrados, en una errónea interpretación del principio de autoridad.
Diario EL HERALDO extiende un respetuoso saludo a los progenitores, residentes dentro o fuera del país, excitándolos para que la lectura de este editorial permita, según sea el caso, una honorable rectificación o bien una bienvenida continuación de las actitudes hasta ahora asumidas