El actual brote de Covid-19 ha provocado el estigma social y comportamientos discriminatorios contra las personas que están siendo tratadas o se están recuperando de la enfermedad, negándoles que ingresen a sus hogares a cumplir con las cuarentenas que les recomienda el personal médico y hasta oponiéndose a que quienes no pudieron superar la enfermedad sean enterrados en los cementerios aledaños a sus comunidades.
Estos comportamientos son inapropiados y deben frenarse, pues la consecuencia de los mismos agravan todavía más la situación de las personas que se enfrentan a la enfermedad.
Los organismos humanitarios advierten que las actitudes estigmatizantes y xenófobas pueden socavar la cohesión social y provocar un posible aislamiento social de los grupos estigmatizados y esto puede contribuir a una situación en la que el virus tiene más, y no menos, probabilidades de propagarse.
De hecho, advierten, el estigma puede llevar a la gente a esconder la enfermedad para evitar la discriminación, abstenerse de buscar atención médica inmediatamente y evitar que adopten comportamientos saludables. Las consecuencias son problemas de salud más graves y dificultades para controlar un brote de enfermedad.
Se requiere de procesos de información masivos para que la población entienda los alcances de la enfermedad, pero, lo más importante, evitar que la misma se transmite con mayor facilidad si no se cumplen con las medidas de contención que se recomiendan desde la aparición del Covid-19 en China, tales como el lavado permanente de mano con agua y jabón, el confinamiento y el distanciamiento social, entre otros.
Estos son momentos en los que debemos resaltar los valores de la solidaridad y la cooperación entre las personas para evitar una mayor transmisión del virus.