El espectáculo protagonizado ayer por los diputados en la sesión de instalación de la nueva legislatura debe terminar. La elección del próximo presidente del Congreso Nacional debe conducir tanto a alcanzar la gobernabilidad en la nueva administración que próximamente tomará posesión, como al equilibrio entre los tres poderes estatales, tal como lo estipula nuestra Constitución Política, con recíprocos equilibrios y con relaciones de interdependencia y no de subordinación entre ellos.
Hoy por hoy existen diferencias de criterios y percepciones que pueden llegar a ser armonizadas siempre y cuando se actúe con flexibilidad mediante el otorgamiento de recíprocas concesiones que resulten en acuerdos mutuamente satisfactorios, tanto para los partidos políticos actualmente con representación en el seno del Congreso, tras los resultados electorales de noviembre, como para los aspirantes a tan honroso y decisivo cargo.
Que no pierdan de vista que lo fundamental es el interés nacional antes que el partidario: Honduras debe estar por encima de cualquier ambición grupal y personal, si es que se piensa y actúa patrióticamente. “La patria es ara y no pedestal”, como escribió el apóstol Jose Martí.
Para la consecución de tal propósito, deben ofrecerse tomas y dacas, deponiendo posiciones irreductibles a fin de ir gradualmente acercando a las partes, en búsqueda de diversas opciones hasta alcanzar consensos recíprocamente aceptables, procediendo para ello con flexibilidad, realismo, objetividad, identificando puntos coincidentes antes que divergentes, deponiendo lo emocional que tensa cualesquiera negociaciones a cualquier nivel. Así, que la mutua confianza prevalezca, sin que resulten ni vencedores ni vencidos. Caso contrario, se profundizarán el divisionismo y sectarismo que tanto han perjudicado a tantos gobiernos.
Hoy por hoy existen diferencias de criterios y percepciones que pueden llegar a ser armonizadas siempre y cuando se actúe con flexibilidad mediante el otorgamiento de recíprocas concesiones que resulten en acuerdos mutuamente satisfactorios, tanto para los partidos políticos actualmente con representación en el seno del Congreso, tras los resultados electorales de noviembre, como para los aspirantes a tan honroso y decisivo cargo.
Que no pierdan de vista que lo fundamental es el interés nacional antes que el partidario: Honduras debe estar por encima de cualquier ambición grupal y personal, si es que se piensa y actúa patrióticamente. “La patria es ara y no pedestal”, como escribió el apóstol Jose Martí.
Para la consecución de tal propósito, deben ofrecerse tomas y dacas, deponiendo posiciones irreductibles a fin de ir gradualmente acercando a las partes, en búsqueda de diversas opciones hasta alcanzar consensos recíprocamente aceptables, procediendo para ello con flexibilidad, realismo, objetividad, identificando puntos coincidentes antes que divergentes, deponiendo lo emocional que tensa cualesquiera negociaciones a cualquier nivel. Así, que la mutua confianza prevalezca, sin que resulten ni vencedores ni vencidos. Caso contrario, se profundizarán el divisionismo y sectarismo que tanto han perjudicado a tantos gobiernos.