El gobierno hondureño ha aplicado esta semana, y por cuarta semana consecutiva, una nueva rebaja a los precios de los combustibles, productos que -marcados por las alzas en los mercados internacionales- han alcanzado precios récord en el mercado nacional.
Según la tabla de precios, que varía semanalmente, a partir del lunes pasado, en las estaciones de servicio de la capital de la República la gasolina superior bajó L 5.02 el galón para pasar a cotizarse en L 127.49; el de la gasolina regular tuvo una reducción en su precio de L 3.20, y el del diésel de L 4.07.
De acuerdo con las variaciones del mercado internacional, se ha informado que la tendencia para la próxima semana es una nueva rebaja para los carburantes. Todo hasta aquí va muy bien; es una noticia que sin duda la población recibe con alegría, pues representará un alivio a sus golpeadas economías familiares.
Sin embargo, bien dice el dicho popular que en Honduras lo que sube no baja, y este es el ejemplo más claro.
Es lamentable que las alzas de otros productos y servicios empujadas por los aumentos a los combustibles siguen inamovibles, sin importar el daño que causan con ello a los consumidores. Es más, inconcebiblemente, se escuchan voces de dirigentes del transporte que siguen presionando por aumentos a las tarifas de los servicios que prestan.
La insolidaridad también la reflejan muchos comerciantes e intermediarios que aprovechan la situación para echarse a la bolsa unos pesos más, aun a costa de las economías de sus semejantes.
A la par del ahorro, que debería ser obligatorio no solo para consumidores sino también para el gobierno, se deben buscar mecanismos que lleven a aplicar las bajas en los combustibles a la canasta y servicios básicos; y que frenen el abuso de unos pocos en detrimento de las mayorías.