El procedimiento para uniformar a un individuo, darle un arma para que proteja a la sociedad y proveerle una chapa para que se identifique como representante de la ley debe ser urgentemente revisado por la Secretaría de Seguridad para evitar formar policías que rápidamente se vuelven asaltantes, secuestradores, narcotraficantes y criminales.
Con la depuración policial iniciada en el año 2016 por un momento se creyó que los nuevos agentes, los oficiales recién graduados y aquellos que quedaron en la institución tras la purga iban a tenerle miedo al régimen disciplinario, enderezarían sus malos pasos, pero no resultó así, desgraciadamente salieron corregidos y aumentados.
Para muestra, el 14 de octubre de 2019, un subcomisionado y dos subinspectores de la Policía asaltaron una vivienda en Gracias, Lempira, y se robaron un millón doscientos cincuenta mil lempiras. El 16 de octubre de 2020, un inspector y dos exagentes de esta institución fueron arrestados por tráfico de droga en Quimistán, Santa Bárbara.
El 3 de enero de 2021, la Policía confirmó que tres miembros activos de la institución estarían involucrados en el secuestro de un testigo protegido en el departamento de El Paraíso, y para rematar este martes 19 de enero cuatro agentes preventivos fueron capturados por el crimen de un joven en la costa norte.
Algo común es que quienes mayormente están usando la logística policial para delinquir son los nuevos agentes y los recién graduados de la academia, luego uno que otro viejo oficial. Si bien ahora estos son perseguidos por sus decentes compañeros, sometidos a la justicia o dados de baja, el punto es que algo está fallando en el reclutamiento y formación de los nuevos elementos policiales.
Por tal razón es necesario revisar minuciosamente el proceso de selección y de instrucción de los aspirantes, de lo contrario la Policía estará capacitando delincuentes para después perseguirlos y castigarlos.