Las autoridades hondureñas no deben ni pueden quedarse de brazos cruzados ante la denuncia de invasiones a inmediaciones del Parque Ecoarqueológico Los Naranjos, en el Lago de Yojoa.
EL HERALDO ha constatado en el sitio que, a solo 100 metros del puente hamaca sobre el canal que abastece a la hidroeléctrica Cañaveral-Río Lindo, se aploma una invasión. Ya son 100 los terrenos cercados, bastantes con viviendas construidas y otras en proceso que amenazan la reserva ante la vista de las autoridades, que les han permitido afianzar sus propósitos por casi un año, dice la información publicada en nuestra edición del lunes pasado.
En este caso, los terrenos invadidos pertenecen a la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE), pero en otras regiones del país los invasores -muchos de ellos de oficio- se están tomando por la fuerza las tierras de particulares, sin importar si las mismas están ociosas o destinadas a alguna actividad agrícola o ganadera.
En Honduras, lo de las invasiones es un problema que viene en crecimiento en varias regiones del país, pero con mayor fuerza en la zona sur y en el Bajo Aguán, donde golpea con fuerza a unidades productivas de distintos rubros que ha obligado al cierre de empresas y, por ende, a la pérdida de los empleos que generan.
En el caso de Los Naranjos, las autoridades de la ENEE y del Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH) han anunciado acciones para detener las invasiones en el parque y la protección de la reserva.
Pero el problema sigue latente en el resto del territorio nacional, lo que demanda políticas de Estado firmes encaminadas a enfrentar este delito -que debilita y violenta el derecho a la propiedad privada, aleja la inversión- y a dar certeza jurídica a los hondureños y los inversionistas.