Editorial

Lo sucedido ayer en las calles y avenidas de Tegucigalpa y San Pedro Sula no tiene explicación racional. Miles de personas salieron de sus casas para abarrotar mercados, supermercados, pulperías, bancos, gasolinerías... Inconcebible. Parecía una fiesta. Las medidas de precaución recomendadas para frenar el avance del Covid-19 no fueron acatadas.

Los y las hondureñas parecen no entender la magnitud de la tragedia que está causando la pandemia en el mundo, y que ya nos golpea fuertemente en Honduras, con más de 200 casos de personas confirmadas positivas por la enfermedad y más de 15 muertos.

Los médicos están alarmados. “Lo que se nos viene es un incremento de casos una forma exponencial”, ha advertido el presidente de la Asociación de Médicos del IHSS de San Pedro Sula, Carlos Umaña. “Si ustedes no cercan la ciudad y no nos obligan a los sampedranos a no salir, aquí van a ser muchos los muertos”, dijo. “Yo ya no sé cómo decirlo. Los que están en casa, aguántese, usted no tiene por qué perecer. Quédese ahí, aguante, aguante. No tenemos más que orar por estas personas, y ni modo, que Dios nos agarre confesados”.

Se tiene que entender que los hospitales están colapsados, es decir, su capacidad ya está rebasada y que si no se respetan las indicaciones en los próximas semanas el Covid-19 matará a por lo menos 12,000 hondureños y hondureñas. Así de grave es la situación.

Es tiempo de que el gobierno asuma su responsabilidad, revise sus estrategias y asegure que las medidas que se adopten se cumplan a cabalidad.

Las consecuencias de lo que ha sucedido a lo largo de la semana, y con mayor intensidad este viernes, seguro que le pasará factura a la sociedad hondureña. Si ya los efectos a la economía son fuertes, lo que se viene será peor.

Desde EL HERALDO no nos cansaremos de llamar a la población a actuar con responsabilidad, a quedarnos en casa, porque esta es la única medicina que hasta ahora se ha demostrado que es efectiva para frenar el avance de este mal. Todavía estamos a tiempo de evitar que aquí suceda el drama que hoy se vive en Guayaquil, Ecuador