Editorial

Honduras está en la lista de los países más pobres de América, eso no es novedad para nadie.

Las estadísticas de los organismos financieros internacionales y de la academia se encargan de recordárnoslo cada vez que pueden y hacen pública una nueva investigación en la que nos “revelan” que el 64% de los hondureños son pobres y que de ellos el 44% viven en la extrema pobreza, o nos dicen que esas cifras siguen creciendo
sin parar.

Esas mismas fuentes se encargan de mantenernos al tanto de otras estadísticas nada favorables para el país.

Que los índices de inseguridad son altos, que las tasas de desempleo suben y los empleos formales caen, que los salarios no alcanzan para cumplir con las necesidades básicas; que la clase política sigue enfrentada entre sí, que la reelección fue ilegal, que las inversiones de capitales extranjeros no crecen, que la moneda se devalúa día con día.

En fin, está claro que la situación no es para nada buena y que la crisis del país, en medio de reiteradas denuncias de corrupción en la administración pública, se profundiza.

Sin embargo, hoy, que es Nochebuena, la familia hondureña trata de olvidar todas esas penurias y hace un alto para celebrar la natividad de Jesús y mostrar los mejores sentimientos para con sus congéneres. Las reuniones, los cuchumbos, las comidas de época y los tragos están a la orden del día.

Por eso es oportuno hacer un llamado para no dejar de celebrar la Navidad, pero sí para evitar los excesos que pueden acabar la celebración en una tragedia.

Hoy es un día para prometernos que mantendremos a lo largo del año venidero la magia de la Navidad y principalmente los valores que nos transmite: la solidaridad con los más desposeídos, el respeto por el prójimo y, en una sociedad altamente polarizada por las pasiones políticas, la tolerancia y el respeto por las ideas de los demás. ¡Feliz Navidad a todos y todas!

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