Las desgarradoras historias de los padres que fueron separados de sus hijos en el marco de la aplicación de las políticas de “tolerancia cero” de la administración de Donald Trump, suman y siguen, y golpean los sentimientos hasta de los más duros de corazón.
Una de esas historias la protagoniza, cual mejor guión para una película de Hollywood, la familia hondureña Reyes Mejía, la que volvió a ver a su pequeño hijo de tres años, Sammy, más de tres meses después de haber sido separado de su padre, Ever, cuando este ya había ingresado ilegalmente a Estados Unidos.
Sammy desconoció a sus padres cuando ellos fueron a su encuentro. Su madre no podía creer lo que estaba viviendo. “Ever, ¿que tiene mi hijo?”, preguntó ella a su esposo, cuando su niño en lugar de ir alegre a su encuentro más bien trataba de huir. “Mi hijo está traumado, Ever”, sollozó tras un segundo intento de tomar a su pequeño entre sus brazos. El caso de Sammy solo refleja la brutalidad de las decisiones del gobierno estadounidense en su afán de parar la migración ilegal hacia su territorio, y es un mensaje de atención a quienes -a pesar de las acciones de la administración Trump- no paran en su intento de ir en pos del sueño americano. También debe ser una alerta para los gobiernos centroamericanos, y en especial al hondureño, que urge tomen medidas de atención a las poblaciones más desposeídas, pues queda claro que no basta hacer murales y llamados por los medios de comunicación para que los más pobres desistan de sus intenciones de huir de la tierra que les vio nacer y no les brinda las oportunidades de desarrollo. También, para que los Estados no sigan viendo a los migrantes como su principal fuente de divisas, las mismas que esos padres que hoy sufren la separación de sus hijos envían a sus familiares sí es que logran el ansiado paso a Estados Unidos. Que entiendan de una buena vez que es aquí donde deben construirse todas las oportunidades posibles para crear las condiciones que le garanticen empleos dignos a los más pobres, sin olvidar que un paso trascendental es la lucha frontal contra la corrupción para evitar de una vez por todas que los dineros públicos sigan desviándose a los bolsillos de unos pocos en detrimento de la mayoría de la población.