Editorial

Eta sigue siendo un peligro

El huracán Eta tocó tierra ayer, martes, en territorio nicaragüense como un ciclón categoría 4, dejando a su paso destrucción y dolor en ese país centroamericano, pero también en Honduras, en donde ya se registraban desbordamientos de ríos, inundaciones, cortes de carreteras y evacuaciones de la población en varias regiones.

Las autoridades hondureñas han informado que el fenómeno ingresará al territorio nacional ya no como un huracán categoría 4 sino que como una tormenta tropical y que a su paso se degradará a una depresión tropical. Sin embargo, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) mantuvo los llamados y advertencias sobre el potencial destructor del fenómeno natural que se desplaza lentamente por el Caribe, y advirtió que los fuertes vientos y las copiosas lluvias podrían provocar una marejada ciclónica catastrófica y amenazante para la vida, acompañada con olas destructivas, y que las precipitaciones podrían continuar hasta el viernes.

El que Eta ingrese a Honduras como tormenta o depresión tropical no significa en ningún momento que el peligro ha pasado, más bien los niveles de alerta deberían ser mayores por las cantidades de agua que descargará la tormenta en los próximos dos días. No hay que olvidar que Honduras encabeza las listas de los países más vulnerables del continente y que históricamente muy poco se ha hecho para enfrentar esos problemas que al final profundizan el hambre y la miseria de sus poblaciones más desposeídas.

El objetivo ahora debe ser el tratar de minimizar los daños materiales, pero lo más importante, salvaguardar la vida de las personas que habitan en las zonas de alto riesgo.

El llamado es entonces a mantenerse atento de las informaciones sobre la trayectoria de este fenómeno, sin olvidar que el país se enfrenta también a la pandemia del covid-19 y que se deben observar por igual las medidas de precaución para evitar más contagios.