El “Lucem Aspicio”, donde el afán de estudiantes y docentes debería ser la búsqueda de esa luz que es el conocimiento, se encuentra ensombrecido ante la incapacidad de autoridades y movimiento estudiantil de ponerse de acuerdo.
El fracaso del diálogo, un arte que desde la antigua Grecia usaba Sócrates como método para buscar la verdad, evidencia la discordancia entre dos partes que deberían tener un interés común y superior a cualquier otro.
La solución a la crisis sin precedentes en que se encuentra sumida la UNAH no surgirá por generación espontánea, sino producto del diálogo, por eso resulta inconcebible que los grupos en conflicto se crucen de brazos mientras esperan a ver cuál cede primero.
Lo que hemos presenciado son monólogos y en lenguajes distintos que, como en el mito de la Torre de Babel, impiden cualquier comunicación.
La soberbia de autoridades y estudiantes al creerse cada uno dueño de la razón impide todo entendimiento para llegar a un acuerdo.
Y todavía peor es que se pierda el segundo período académico, un fracaso que no se reduce solo a los millones de lempiras de los contribuyentes que se escurren como agua en las manos, pero que es quizá el más significativo en un país tan pobre como el nuestro, donde recursos faltan para mejorar las penurias de gran parte de su población, que sobrevive con lo mínimo.
Les falta humildad y mejores asesores a los estudiantes que ridículamente pretenden que la UNAH “desautorice” al Ministerio Público de seguir las acciones contra 75 de sus miembros.
Y a las autoridades que no han sabido hacérselos entender ni han hecho todo lo posible por solucionar la crisis, así sea necesario acudir a quienes con voz de superioridad aseguran saber cómo ponerle fin a un conflicto que genera opiniones encontradas en la sociedad hondureña.
Y les falta a ambas partes más amor por su país y compromiso con sus sagrados intereses, que son los de la mayoría, manejando esta crisis como si de una competencia de pulso se tratara, en la que ganará el más fuerte.