En cualquier sociedad, abandonar a un hijo recién nacido o cuando está pequeño es un acto cruel e inhumano.
A principios de esta semana, El HERALDO expuso como en los hospitales públicos muchos niños y niñas quedan huérfanos minutos después de haber venido al mundo, pero también están los otros que fueron abandonados en lugares públicos como iglesias, parques y hasta en sitios inmundos como alcantarillas y basureros.
La Dirección de la Niñez, Adolescencia y Familia (Dinaf) estima que tiene bajo su responsabilidad a seis mil menores rescatados y una gran cantidad no tiene madre, padre ni un familiar cercano, pero para declararlos en abandono total hay que esperar cerca de un año.
Según las autoridades de esta institución, hasta mediados de febrero de este año 195 menores habían sido declarados en abandono.Resulta difícil entender por qué una madre o un padre, más allá de una difícil circunstancia, tomó la decisión de abandonar a su hijo, dejándolo a su suerte, indefenso, durante días enteros, expuestos a peligros, hambre, abusos, miedo y otro tipo de amenazas.
Entre quienes incurren en esta práctica están aquellas madres con problemas mentales, aquellas afectadas por el consumo de drogas y alcohol, las menores de edad que resultaron con un embarazado no deseado, también aquellas que no quieren ningún vínculo con hijo o hija porque son producto de una violación.
Asimismo, hay menores abandonados como consecuencia de la pobreza y porque sus padres migraron en la búsqueda del “sueño americano”.
El abandono de los niños es un fenómeno despiadado, terrible e indignante. Incluso, ya rescatados, es doloroso ver que estos pequeños, inconscientes de su realidad y su destino, solo esperan crecer amparados en la compasión y el amor de una pareja solidaria o de un Estado responsable.