Editorial

El crimen de La Tigra

Los capitalinos hemos sido testigos en las últimas horas de un crimen atroz: miles de hectáreas han sido quemadas por uno de los incendios forestales más devastadores ocurridos en la zona de amortiguamiento de La Tigra en años.

Lo ocurrido pone sobre la mesa una crisis ambiental que se vuelve reiterativa, pues todos los años somos testigos de hechos similares, no solo en el sector de La Tigra, sino que en todo el territorio nacional, tal cual ejemplo, el incendio forestal que la semana anterior destruyó también miles de hectáreas en el Parque Nacional Montaña de Celaque.

Desgraciada y tristemente, estos fenómenos parecen volverse “naturales” ante nuestros ojos y parecemos no entender los graves daños que los mismos causan al medio ambiente, a la salud y a la economía de las personas que residen y trabajan en las zonas afectadas y de la nación entera.

Tan es así que frente a la magnitud y frecuencia de estos fenómenos no se ha logrado desarrollar e implementar una verdadera política que conlleve a la protección real y efectiva de los recursos naturales, la flora y la fauna.

Los diferentes gobiernos del Estado hondureño han sido incapaces de hacer valer la normativa internacional y nacional para la protección de la naturaleza, leyes que se han vuelto papel mojado.

Frente a la crisis ecológica que estamos viviendo se vuelve un imperativo a corto, mediano y largo plazo retomar con mucha seriedad los planes y programas de protección del medio ambiente y de los recursos naturales de la patria; de los programas de reforestación, entre muchas otras acciones que lleven a su conservación.

No podemos quedarnos de brazos cruzados ante el ecocidio del que estamos siendo testigos, y más allá de los lamentos, urge impulsar una verdadera política de protección ambiental